El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Los Títulos a la dominación de las Indias

Cuando en 1495, Colón envió a España un grupo de indios para que fuesen vendidos como esclavos, la reina Isabel -por consejo  de  su  confesor  Cisneros-, objetó el derecho de esclavizar a los nativos, lo que condujo a la suspensión de la venta hasta tanto se conociese la razón por la que Colón los había reducido a tal estado(1).

(1) Carlos Alberto Floria/César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”, tomo 1, capítulo 3.

Pocos años después, los Reyes dieron Instrucciones para tratar a los indios como súbditos y vasallos de los Reyes y de proveer los medios de instruirlos en la fe cristiana, en cumplimiento del mandato impuesto por el Papa en la Bula de Donación de las Indias del año 1493.

Pero nadie concebía entonces que la evangelización pudiese llevarse a cabo aceptando la organización social de los indios, lo que sumado a las necesidades económicas de los colonos, urgidos por la falta de mano de obra, condujo al sistema de la encomienda según el cual, teóricamente, los indios eran asimilados a la civilización y cultura cristianas.

Esta finalidad no se cumplió y los abusos provocaron la reacción de fray Antonio de Montesinos, en 1511, a consecuencia de la cual se dictaron las Leyes de Burgos, en 1512, que aceptaron el régimen de la encomienda, pero trataron de evitar los excesos.

El fracaso de esta legislación, en la práctica, llevó a otro dominico, fray Bartolomé de las Casas, a replantear la cuestión de los derechos de los indios.

A partir de este momento comienza en la Península la más grande polémica de los tiempos modernos. Cuando Montesinos preguntó con qué derecho los colonos tenían en cruel servidumbre a los indios, no sólo planteó cuál era la condición de éstos en cuanto seres humanos, sino también -seguramente sin pensarlo-, cuál era el derecho de Castilla a la dominación de las nuevas tierras.

Los dos aspectos de la polémica, llevada al plano teológico y jurídico, van a marchar juntos y a dominar el panorama de la Conquista durante varias décadas.

Esta disputa es una de las mejores expresiones de la preocupación de justicia que dominaba la conciencia de Carlos I y de su séquito gobernante.

Se expresó no sólo en la doctrina de los autores, sino también en la legislación y, en cierto modo, constituye la clave para hallar el sentido de la Conquista y de la permanente tensión que en ella existió entre el afán de una justicia cristiana y la realidad de unos hombres duros, a veces violentos, hechos para la hazaña de la Conquista, mitad colonizadores y mitad guerreros, más aptos por lo general para lo heroico que para lo prudente, más fieles al deber enfrentando al peligro que actuando como gobernantes o gobernados.

Sin estos hombres no habría habido Conquista; con ellos ésta no podía ser la realización pacífica que hubieran deseado los teólogos y legistas. El hecho de que estos lograran insuflar en el espíritu de buena parte de aquéllos su preocupación por lo justo, es un triunfo del nombre español del siglo XVI.

El primer título de Castilla a la dominación de América era el hecho de su descubrimiento y población. Pero éste no podía hacerse valer sino sobre las tierras próximas a las ya descubiertas, y por lo tanto abría el continente a la ocupación portuguesa.

El otro gran título sostenido por Castilla fueron las Bulas de Donación y Demarcación Inter Caetera, por la cual, el Papa Alejandro VI, donó a aquel Reino todas las tierras que no pertenecieran a algún rey cristiano, que estuvieran situadas al Oeste del meridiano que corría a 100 leguas al Oeste de las islas Azores y Cabo Verde.

Este acto de donación, apoyado en las corrientes teocráticas que consideraban al Pontífice como autoridad suprema en el orden temporal y señor del universo, obedecía también a la pretendida donación de Constantino, "el Grande", a la Iglesia, de todas las islas occidentales y, por la cual el Papa pasaba a ser propietario legítimo de ellas.

Por último la misma Bula recurría a un tercer expediente: los reyes descubridores de las Indias Occidentales habían donado éstas al Papa y éste revertía la donación demarcándola.

Información adicional