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SEGUNDA GOBERNACION DE IRALA

En virtud de la real cédula de 1537, los pobladores de la Asunción eligieron nuevamente gobernador a Domingo Martínez de Irala (1544 - 1548). Este fue nombrado, lugarteniente de Gobernador y Capitán General el 26 de Abril de 1544.

En Noviembre de 1547, Irala partió, al frente de una expedición, en busca de la región del oro. Durante su expedición de 1548, dejó como teniente suyo, en Asunción, a Francisco de Mendoza (1547-1548), desde fines de Noviembre de 1547 hasta fines de 1548, en que Diego de Abreu (1548-1549) fue elegido popularmente (por real cédula del 12 de Septiembre de 1537), quien gobernó hasta el regreso de Irala.

Este, luego de cruzar el Chaco, se enteró, por medio de los indios, que estaba en territorios pertenecientes a la jurisdicción del Perú; entonces, envió a Nufrio de Chaves a la ciudad de Lima, para que se entrevistara con el tercer gobernador del Perú, Pedro de La Gasca (1548–1550), a fin de ofrecerle sus servicios y solicitarle la confirmación del cargo de Gobernador.

Mientras aguardaban al comisionado, los antiguos partidarios de Alvar Núñez provocaron una revuelta y obligaron a Irala a emprender el regreso y a entregar el mando a Gonzalo de Mendoza (Noviembre de 1548).

Por otra parte, en Asunción, Francisco de Mendoza -que había sido designado lugarteniente por Irala- fue ajusticiado en un motín y reemplazado por Diego de Abreu.

Los acontecimientos de la ciudad movieron a los expedicionarios a designar nuevamente gobernador a Irala, pues Abreu era partidario de los “leales” (adictos de Alvar Núñez). Cuando Irala se aproximaba a la Asunción, Abreu huyó a la selva.

Domingo Martínez de Irala (1549-1556) fue nombrado nuevamente Gobernador y Capitán General del Río de la Plata, siendo confirmado por los conquistadores el 4 de Abril de 1549.

El rey lo nombrará Gobernador por real cédula del 4 de Noviembre de 1552, la que fue recibida en Asunción el 28 de Agosto de 1555, pero el monarca -en otro escrito- le prohibirá emprender nuevas campañas.

- Los Sanabria

Luego de la llegada de Alvar Núñez a España, el rey -enterado de las luchas que agitaban Asunción- decidió nombrar un nuevo gobernante.

El 22 de Julio de 1547 firmó, en Monzón, una capitulación a favor de Juan de Sanabria, dándole el título de Adelantado del Río de la Plata. Sin embargo, éste falleció al poco tiempo, por lo cual su hijo Diego de Sanabria fue designado para el mismo cargo en el año 1549.

Partió de Sanlúcar de Barrameda en Abril de 1550 pero el viaje fue muy accidentado y tras muchas peripecias llegó a las costas de Venezuela y de allí se dirigió hacia Lima, donde se radicó.

Otras dos naves arribaron a la Isla de Santa Catalina donde recibieron auxilios de Irala y en esta forma pudieron trasladarse hasta Asunción(1).

(1) Así llegaron al Paraguay Mencia Calderón (madrastra de Diego de Sanabria), sus hijas y un grupo de mujeres. También lo hizo nuevamente Juan de Salazar, que mandaba las embarcaciones. Estas mujeres tuvieron honrosa descendencia: una de las hijas de Mencia se casó con Hernando de Trejo y su hijo fue fray Hernando de Trejo y Sanabria, futuro obispo de Tucumán. Fallecido su esposo, casó con Martín Suárez de Toledo y de esta unión nació Hernando Arias de Saavedra. Otra hija de Mencia Calderón -Isabel Contreras- se casó con Juan de Salazar y tuvo dos hijas; una de ellas fue la esposa de Juan de Garay. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Buenos Aires. Ed. Editorial Troquel.

- Segundo Gobierno de Irala

La vuelta al poder de Irala, en 1544, supuso al principio la prosecución de su anterior política, de una forma más firme, si cabe. En realidad, a esta altura y tras largas e infructuosas expediciones en busca de la "sierra de la plata" o "eldorado", los españoles no habían hallado recompensa suficiente en una tierra que, en lugar de oro y plata, tan solamente les ofrecía maíz y mandioca.

Pero, conscientes ya de esta realidad irremediable, se sentaron las bases de un nuevo planteamiento de objetivos. Ahora se hacía imprescindible la posesión masiva de mano de obra indígena dispuesta a trabajar en las haciendas coloniales.

Ello también obligaba a un nuevo planteamiento, en lo que al trato con los indígenas se refiere, pues se hacía necesario abandonar el sistema de relación por parentesco que había motivado la alianza entre los dos grupos, así como el mecanismo de servicio empleado hasta entonces.

Además, tras ocho años de estrecha convivencia, los españoles contaban ya con la complicidad incondicional de un importante sector indígena; nos referimos a las mujeres que habían engendrado a sus hijos mestizos.

En 1542, Asunción contaba ya con 3.000 de ellos, repartidos entre 260 tejupa. En cambio, la tasa de natalidad de guaraníes puros había sufrido un importante descenso, habida cuenta de que la propia mujer india prefería matrimoniarse con españoles y librar así a sus hijos, y a ellas mismas, de la condición de esclavitud que, de otro modo, les correspondería tal y como se planteaban ahora las nuevas pautas de relación españoles-indígenas.

Desde luego, la reacción guaraní no se hizo tampoco esperar, y el motín asunceño de 1539 les inspiró una conciencia clara de que la alianza sellada con los españoles no se había pactado en los términos que su concepto de parentesco preveía.

Esta confabulación, que logró agrupar a más de 3.000 indios, bajo el pretexto de acudir masivamente a la celebración del Jueves Santo en Asunción, no alcanzó sus objetivos, por la traición de una india que trabajaba al servicio del capitán Salazar. Se había tratado de la primera acción indígena organizada de manera consciente frente a lo que ahora consideraban un grupo invasor.

Como reacción ante este estado de cosas, el gobernador Domingo Martínez de Irala publica sus Ordenanzas, el 22 de Septiembre de 1545, documento muy elocuente que muestra un cambio de actitud del español hacia el indio.

Se trata, en realidad, de medidas de protección, en las que se recomendaba a los españoles que “fuesen siempre armados y no saliesen de la ciudad sin permiso especial y acompañados de cinco soldados por lo menos. Viviesen prevenidos contra los frecuentes incendios que intencionadamente producían los indios, y se prohibió que éstos, por la noche, permaneciesen en casa de los españoles”(2).

(2) Julián María Rubio. “Exploración y Conquista del Río de la Plata”, p. 221. // Citado en “Relaciones Interétnicas y Proceso de Formación Social en la Cuenca del Alto Paraná (Corrientes en los siglos XVI y XVII)” (1985). Tesis doctoral que presenta la licenciada Teresa Cañedo Argüelles Fábrega, bajo la dirección del profesor, doctor Alfredo Jiménez Núñez. Departamento de Antropología y Etnología de América, Universidad de Sevilla.

Es que en 1545 el descontento guaraní, precisamente como consecuencia del incumplimiento de disposiciones anteriores, obligó a Irala a promulgar este segundo Cuerpo de Ordenanzas para el Paraguay.

Se trataba de medidas de precaución, destinadas a proteger, esta vez, a los españoles, contra una amenaza indígena cada vez más flagrante.

Fue preciso reducir sus movimientos a un espacio limitado y, dentro de él, siempre con la protección de armas. Asimismo, se les prohibió albergar durante la noche en sus casas a ningún varón de más de trece años, ni entrar en sus casas bajo ningún pretexto.

Por último, se suspendía en absoluto la adquisición de indígenas para servicio durante un período cuya duración quedaba al arbitrio del gobernador, transcurrido el cual se esperaba que volverían por su propia voluntad.

En 1556 serán los paranáes quienes se sublevarán y, a partir de este momento, la historia de la colonización del Paraguay estará llena de datos sobre levantamientos guaraníes.

- Ultimo Gobierno de Irala

A pesar de todos los fracasos los conquistadores radicados en la Asunción no cejaban en su intento por encontrar riquezas. En Enero de 1553 Irala partió al frente de 120 hombres y 2.000 indios auxiliares; exploró la zona circundante al Puerto de San Fernando pero la llegada del invierno y los fuertes aguaceros le obligaron a regresar sin haber conseguido su objeto.

Por real cédula del 4 de Octubre de 1552, Irala fue confirmado como gobernador pero el monarca -en otro escrito- le prohibía emprender nuevas campañas.

En Abril de 1556 llegó a la Asunción fray Pedro Fernández de la Torre, segundo obispo titular (su antecesor fue Juan de Barrios, que no arribó) y el primero que pisaba esas tierras.

El 3 de Octubre de ese año, a los 45 años de edad, falleció Domingo Martínez de Irala, discutida personalidad de la conquista pero, indudablemente, el hombre que sentó las bases de la colonización en la región del Guairá (Alto Paraná).

- Sucesores de Irala

Muerto Irala, le sucedió su yerno, Gonzalo de Mendoza, quien -dispuesto a poblar la región del Guairá-, envió una expedición a las órdenes de Nufrio de Chaves. Este fundó -Febrero de 1561- la Ciudad de Santa Cruz de la Sierra, cincuenta leguas al Este de la actual; repartió los indios en encomiendas y organizó el primer Cabildo, entre cuyos miembros figuraba Juan de Garay.

Mientras tanto, en Julio de 1558, había fallecido -sin dejar sucesor- Gonzalo de Mendoza; entonces, los pobladores de la Asunción aplicaron la real cédula del 12 de Septiembre de 1537 y eligieron popularmente Gobernador y Capitán General a Francisco Ortiz de Vergara (1558-1564), hombre de escasos méritos, quien marchó al Perú para confirmar su título.

Vergara gobernó hasta el 19 de Octubre de l564, en que inició el éxodo al Perú, quedando en Asunción, Juan de Ortega (1564 - 1568) como lugarteniente de Gobernador, por Título del 19 de Octubre de 1564, y recibido por el Cabildo el mismo día; Ortega gobernará hasta 11 de Diciembre de 1568.

La Audiencia de Charcas no había autorizado el viaje de Vergara, por lo que el gobernador debió detenerse un año en Santa Cruz de la Sierra. Este lapso fue aprovechado por Nufrio de Chaves y otros capitanes para imputarle, ante la Audiencia, numerosas acusaciones, de acuerdo con un plan trazado por Juan Ortiz de Zárate, vecino de Chuquisaca, que ambicionaba la Gobernación del Paraguay y del Río de la Plata.

Cuando Ortiz de Vergara se presentó ante la Audiencia, enteróse de las acusaciones y, aunque consiguió refutar todos los cargos, decidió trasladarse a España, para someter el pleito al Consejo de Indias.

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