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Límites hispano-portugueses

El descubrimiento de las costas de América del Sur por españoles y portugueses dio lugar a un proceso inicial de exploración y delimitación de sus respectivas jurisdicciones.

El Tratado de Tordesillas (1494) fijaba en 370 leguas al oeste de las islas Azores, el límite terrestre que separaba las tierras de ambas Coronas.

Esa línea, difícilmente aplicable, tanto por limitaciones técnicas de la época como por el desconocimiento del Interior del continente, dejaba a la Corona castellana amplísimos espacios sobre el mar Caribe, como Venezuela y las Guayanas; sobre el Pacífico, desde Colombia hasta Chile, así como vastas regiones interiores, como el Imperio incaico y la cuenca amazónica.

Sobre el Atlántico, el Río de la Plata abría un canal de entrada a las planicies de Argentina, Paraguay y Uruguay.

Portugal, por su parte, pudo disponer sólo de un sector del litoral atlántico, extendido desde la desembocadura del Amazonas hasta San Pablo. El meridiano de 48° al Oeste de Greenwich, marcaba el límite occidental de este territorio, asimismo extenso, pero difícil de abordar, en su totalidad, con los recursos de la época, y escaso en comparación con la magnitud de las regiones castellanas en el subcontinente.

Será precisamente en ese frente atlántico donde Portugal se afirmará a través del régimen de Capitanías iniciado en 1534, buscando con ello ocupar las tierras del Sur y alcanzar el dominio de la margen izquierda del Río de la Plata.

Ese movimiento, apoyado en la falta de dominio efectivo por parte de España en esa región, fue inicialmenle débil; se convirtió después en ambigua pugna durante la unión de ambas Coronas (1580 - 1640), para luego definirse como una manifiesta política de expansión, cuyas más nítidas expresiones fueron los límites meridionales asignados al Obispado de Río de Janeiro, en 1673, y la ocupación de Colonia do Sacramento, en 1680.

Al dominio del litoral le seguirá la ocupación paulatina de los espacios interiores, insinuada durante la etapa de las bandeiras paulistas, que asolaron las misiones jesuíticas del Guairá y del Tapé (1628-1640), y consolidada después con la ocupación de Río Grande de San Pedro (1737).

Al observarse la distribución de las capitanías particulares y reales en su corrimiento hacia el Sur, es ya muy ostensible en las otorgadas en 1676 a Salvador Correia de Sa y sus descendientes.

La ocupación portuguesa en el litoral atlántico y el interior se fue afirmando hasta 1750 señalándose las graves alteraciones impuestas a la línea de Tordesillas a mediados del siglo XVIII.

Para ese momento Portugal había sobrepasado con exceso la Línea y ocupado gran parte de la Cuenca del Amazonas y las regiones de Mato Grosso y Río Grande del Sur.

Este hecho llevará a ambas Coronas a trabajar en la delimitación de una nueva frontera, con sentido más realista.

- La Provincia Gigante de las Indias

El territorio de Paraguay tenía como límites la legión amazónica, al norte; las tierras de Magallanes, al sur; la Línea de Tordesillas, al este; y doscientas leguas de costa sobre el Pacífico, al oeste. De esta manera Paraguay abrazaba, en el momento de su nacimiento, más de la mitad del continente sudamericano(1).

(1) Citado por Margarita Durán Estragó. “Historia del Paraguay” (Julio de 2010), capítulo IV: “Conquista y Colonización (1537-1680)”, pp. 72-74, Asunción. Ed. Taurus.

Sin embargo esta situación cambió drásticamente en 1620 con la división efectiva de la entonces llamada Provincia Gigante de las Indias y la pérdida de las ciudades de Buenos Aires, Santa Fe, Corrientes y Concepción del Bermejo. En ese momento, en las tierras paraguayas, el fenómeno del mestizaje se convirtió en una realidad social.

La ausencia de oro y plata y el aislamiento hicieron que en poco tiempo dejaran de llegar más españoles al Paraguay, por lo que los conquistadores se vieron librados a sus propias fuerzas.

Estos, ante la falta de mujeres españolas, entraron en mestizaje con las indias guaraníes. Asunción y sus comarcas se convirtieron en centros de reclutamiento de mujeres guaraníes sometidas a la prostitución y al trabajo forzado. Al cabo de una generación no había en la capital más que 280 españoles, casi todos ancianos, mientras que los mestizos sumaban más de diez mil, según manifestaciones del Padre Martín González en 1575.

A lo largo de este período comenzaron a fundarse ciudades en la dilatada provincia del Río de la Plata. Los españoles supieron asentar con firmeza la Ciudad de Asunción, pero la expansión territorial fue obra de la primera generación de mestizos. Aunque se habían abandonado Buenos Aires, Corpus Christi y San Francisco del Biaza, veinte años después de iniciada la ocupación del territorio, Asunción comenzó a constituirse en centro de la conquista y “madre de ciudades”.

En 1554 se fundó Ontiveros y, tres años después, Ciudad Real; en 1561, Santa Cruz de la Sierra sobre el Guapay; y en 1570, Villa Rica del Espíritu Santo, en el Guairá.

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