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Queda establecida la servidumbre personal del indio

Para el año 1550, la servidumbre personal del indio quedó establecida y los levantamientos se hicieron cada vez más débiles y aislados. La desintegración del modo de vida guaraní comenzó a extenderse aceleradamente(1).

(1) Alfredo Vara. “Corrientes en el Mundo Guaranítico” (1985), publicado en el fascículo Nro. 3 , de la colección “Todo es Historia”, dirigido por Félix Luna.

Las mujeres guaraníes no querían procrear ya con varones de su raza, y preferían gestar mestizos, que adquirían libertad por el hecho de serlo. En 1550, había tres mil hijos mestizos en Asunción: Los futuros ”mancebos de la tierra”.

Los territorios cerrados guaraníes fueron desconocidos y ocupados. Los españoles extendieron y afirmaron la posesión y explotación de la tierra: ganadería, agricultura, recolección y explotación de madera y yerba mate, comenzaron a extenderse, utilizando siempre mano de obra indígena, en tácita calidad de esclavos.

Aquélla época del atropello expansivo de los “guarã”, por iniciativa particular de cada español, se conoce como la salvaje época de ”las rancheadas”.

La vida guaraní se alteró profundamente, la organización social parental desapareció y, con ello, el corazón del sistema socio-cultural. Los shamanes, sustentadores de la ideología, fueron perseguidos; las creencias debieron abandonarse o mixturarse confusamente con las creencias cristianas.

Es importante detenerse aquí, para comprender el largo proceso de sincretismo religioso que puede postularse, que aún perdura. A partir de aquel momento, la religión del conquistador comenzó a dictar, oficialmente, imágenes y rituales, a los cuales la gente debía asistir y participar; la religión del padre español, era también la del Estado imperial y la del clero católico organizado.

En cambio, las viejas creencias animistas guaraníes persistieron en el corazón de las madres, que eran las que criaban y alimentaban a sus hijos, les enseñaban a hablar y caminar, a temer y a amar.

La vida cotidiana de aquellos primitivos ”mancebos de la tierra” se vio, así, inundada por un animismo ancestral y por una multitud de tabúes y vivencias, íntimamente conectadas a la naturaleza, enseñadas y registradas en la memoria colectiva, con un lenguaje superlativo, para “conversar con la tierra”.

Una doble conciencia religiosa fue creciendo desde allí, tanto como un doble lenguaje; al bilingüismo hispano-guaraní, le correspondió un sincretismo religioso, en el que la religión del padre y el Estado ocupó los estratos superiores y oficiales; la religión y la lengua de la madre, infiltraron la vida cotidiana de los estratos inferiores y populares.

Para hacer aún más complicada la cuestión, la religiosidad católica de la época traía fuertes componentes animistas subyacentes, y una multitud de creencias medievales europeas, muy ligadas a la vida cotidiana y la naturaleza.

Con el correr del tiempo, esta religiosidad popular católica iría mezclándose con el animismo guaraní, en una anónima construcción espiritual colectiva, que se constituyó en la religiosidad popular campesina de los siglos XVII, XVIII, XIX y XX, en buena parte de la región de la Cuenca del Plata.

Solamente los guaraníes ”monteses”, que escaparon de la dominación, internándose en las más cerradas selvas, donde el español no llegaba aún, pudieron conservarse como tales, manteniendo relativamente puros los valores, creencias y modo de vida típica.

Ello ocurrió, con diferencias importantes de grados, tanto en el Paraguay Oriental como en el Chaco paraguayo, boliviano y salteño; en Misiones, Argentina, y los territorios paranaenses de Brasil.

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