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La monocracia egocéntrica de Felipe II

Felipe supo utilizar el cálculo dinástico con singular pragmatismo político. El matrimonio entre dinastías es, para él, ante todo, una solución de conflictos y un medio de acrecentamiento de su poder. En la vida de Felipe II figuran varias reinas(1).

(1) Carlos Alberto Floria / César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”, tomo 1, capítulo 1.

Sin ironía podría hablarse de matrimonios geopolíticos, tan pronto como se compare el mapa y la relación de fuerzas de los Reinos de entonces y se tenga presente el origen geográfico de las esposas de Felipe: Portugal, Inglaterra, Francia, Austria e, indirectamente, Italia.

Con la paz de Cateau-Cambréssis, que dio cierta ventaja a Enrique II y fue base de la paz católica, como se llamó al fin de la larga lucha entre España y Francia, terminó la primera parte del reinado de Felipe, epílogo si se quiere del de Carlos I, y señaló el comienzo de la política de la Contrarreforma y del predominio español en Europa.

Las líneas maestras del concilio de Letrán todavía son patentes. Porque los devaneos amorosos de Felipe II no excluyen la prudencia, la escrupulosidad y el cuidado en el objetivo de la restauración o de la expansión del catolicismo.

Estas razones explican, en parte, el matrimonio de Felipe con María Tudor, la “Sanguinaria”, a quien apoya en su campaña político-religiosa en Inglaterra. También explican la persecución a los judíos y moriscos, mientras hacía lo necesario para que el largo, accidentado y decisivo Concilio de Trento rematase su obra, que según muchos fue posible por Felipe y por los teólogos españoles.

Felipe II acepta el combate en todos los frentes donde se litigue por la expansión imperial de España y se necesite una cruzada religiosa.

Es la época culminante de la lucha contra el turco en la persona de Solimán, "el Magnífico", de la Santa Liga que unirá a España, Venecia y Roma -entre 1570 y 1571-, mientras se difunde el malestar antiespañol por Europa, impresionada por los triunfos peninsulares.

Francia aliada con Turquía, Inglaterra, Alemania y los Países Bajos, prevenidos, son campos de resistencia o de guerra potencial. En esos tiempos Felipe II extiende la cruzada religiosa hasta Francia, en cuya política interior y exterior intervienen con aires de tutela Inglaterra y los Países Bajos.

Las guerras de religión son el símbolo de la época y la Liga, solución típica del siglo XVI, representa una suerte de alianza político-religiosa de católicos dirigentes con el fin de apoyarse mutuamente, llegando a oponerse o a imponer reyes, o a evitar que lo sean hasta tanto abjuren de creencias contrarias al catolicismo, tal el caso de Enrique de Borbón. En los Países Bajos, a su vez, se consumirán por muchos lustros tesoros y energías.

Hacia el fin de su vida, el viejo y enfermo Felipe II firmaría la Paz de Vervins -1598-, abdicando en favor de su hija la infanta Isabel Clara Eugenia y de su futuro marido, el archiduque Alberto.

Súmese a esa acción la desplegada en Inglaterra y la política peninsular, que culminó con la ocupación militar de Portugal en 1580 para hacerse rey en 1581, y se tendrá un cuadro aproximado de la energía de España y de Felipe II, quien muere en El Escorial -monasterio e iglesia, mausoleo y palacio, escuela, museo y biblioteca-, manifestación de sus tendencias y de su espíritu, construido entre 1561 y 1584.

Tenía setenta y un años. Había reinado cuarenta y dos.

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