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PERIODO DE EXPANSION DE ASUNCION

Tras la muerte de Domingo Martínez de Irala, en el año 1556, se abrió un nuevo período para Asunción que, hasta ese momento, había vivido replegada en sí misma por exigencia de las circunstancias que rodearon su historia.

A esta altura, no sólo habían comenzado a tomar forma los objetivos económicos y sociales de la colonia, sino que también había alcanzado madurez suficiente la primera generación de mestizos nacidos en los antiguos “tejupa”.

Ello permitió el despliegue de una política encaminada a ampliar, de un modo efectivo, el dominio español en la Gobernación, lo que fue posible gracias, precisamente, a esa generación de mestizos, “mancebos de la tierra” como se les llamó, que integraría el grueso de las expediciones destinadas a ese fin.

Antes de morir, Domingo de Irala delegó el poder en su yerno, Gonzalo de Mendoza, casado con una de sus hijas mestizas.

Durante su Gobierno destacó la fundación de Ciudad Real, en 1557, o Guairá, según términos guaraníes, y la llevó a cabo Ruiz Díaz Melgarejo, para contener el avance, cada vez más decidido, de los bandeirantes. Luego de ella recibiría su nombre la zona Norte de la gobernación, o Provincia del Guairá.

El 21de Julio de 1558 Gonzalo de Mendoza fallece, sin de dejar sucesor. El Cabildo de Asunción, haciendo nuevamente uso de las prerrogativas que le concediera la Real Cédula de 1537, eligió como Gobernador, el 22 de Julio de 1558, a Francisco Ortiz de Vergara, otro yerno de Irala, casado también con una hija mestiza.

Su Gobierno padeció la intromisión de Nufrio de Chaves, provocando serios conflictos que terminaron por dividir, nuevamente, a la población asunceña y precipitar el cese del gobernador.

Chaves, por iniciativa de Irala, había encabezado una importante expedición hacia Perú, en busca de medios y como parte de un plan colonizador que hiciera más transitable la comunicación con el Virreinato vecino.

Tras duros enfrentamientos con payaguás, guatos y chiquitos, consiguió fundar, en 1560, la ciudad de Santa Cruz de la Sierra que, años más tarde, pasaría a integrarse en la Gobernación de Tucumán.

Para ello tuvo que ganarse el beneplácito del virrey, Marqués de Cañete, cosa que supo hacer con gran habilidad en el preciso momento que Perú tenía puestas sus miras expansivas en la zona cuestionada (ya la expedición de Andrés Manso había sido destacada desde Lima con objeto de poblarla).

De igual modo, Chaves supo ganarse el ánimo del obispo, con cuyo apoyo lograría atraerse a su causa a una buena parte de la población asunceña, que terminaría por establecerse con él en la fundación de Santa Cruz de la Sierra, desligándose definitivamente de Paraguay.

Este hecho, largo y controvertido, marcó dos hitos de imprevisible alcance: Por un lado, significó una invitación a Perú para intervenir de un modo directo en la política asunceña, tan acostumbrada a regirse por sí misma, aún cuando de facto dependiera de aquel virreinato.

Por otro, se involucró por primera vez a la Iglesia en causas de carácter civil, con lo que en adelante quedaría difusa la línea que debía señalar el límite de sus auténticas prerrogativas, bien explícitas en los documentos papales que se refieren a ese tema.

En efecto, se puso en esta ocasión de manifiesto la fuerza con que el obispo podía imponer su autoridad en materia de carácter político. Como bien afirma Möner,

“en Paraguay, al igual que en otras zonas de América, la disputa continua entre el gobernador y el obispo, obstaculizaba el normal cumplimiento dfe sus respectivas tareas oficiales”(1).

(1) Magnus Mörner - "Actividades políticas y económicas de los jesuitas en el Río de la Plata", Pág. 27 - “Relaciones interétnicas y proceso de formación social en la Cuenca del Alto Paraná: Corrientes en los siglos XVI y XVII”. Tesis doctoral que presenta la licenciada Teresa Cañedo Argüelles Fábrega, bajo la dirección del profesor, doctor Alfredo Jiménez Núñez // Departamento de Antropología y Etnología de América - Universidad de Sevilla, 1985.

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