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Población en los primeros tiempos de la conquista

La población española llegada al territorio argentino-paraguayo durante el siglo XVI no llegó a cinco mil personas. De ellas, algunas regresaron a su lugar de origen y otras murieron durante las entradaspor la tierra o en lucha con los indios.

Tal vez no más de tres mil españoles quedaron establecidos y tuvieron descendencia. A fines de la centuria, Asunción era la ciudad más poblada y la seguían Córdoba, Santiago del Estero, San Miguel del Tucumán, Talavera de Esteco, La Rioja y Buenos Aires, en este orden.

El origen social de esta población fue semejante al que he­mos indicado para América en general. El grueso de ella fue de origen popular, circunstancia que se acentuó en el Río de la Plata por tratarse de una de las regiones entonces más pobres del Imperio español.

El aspecto heroico de las andanzas americanas del siglo XVI, sin embargo, atrajo a los hidalgos y nobles más que la vida pacífica del siglo siguiente. Pedro de Mendoza pertenecía a una casa noble de Andalucía; Irala era hijo de un hidalgo guipuzcoano, Cabrera era el vástago ilegítimo de otro hidalgo, Ortiz de Zárate pertenecía a una nobilísima familia vizcaína y Juan de Garay era su pariente pobre; por fin, Alonso de Vera y Aragón llevaba el nombre -y tal vez lejanamente-, la sangre real.

Nótese con todo que, aún en estos casos, no se registró un sólo poseedor de título de nobleza ni mayorazgo.

Para entonces los descendientes criollos de los conquistadores constituían la mayoría de la población. Una cuarta parte de los españoles europeos eran andaluces, algo menos de un 20 % castellanos y un 5 % vascongados. El resto representaba a otras re­giones de España.

La población criolla estuvo constituida en Paraguay en un principio por mestizos, ya que de la expedición de Mendoza sólo quedaron cinco mujeres casadas.

A partir del temprano ejemplo de Ayolas e Irala, los conquistadores se unieron con las hijas de los jefes indios que pasaron a ser así sus aliados y sus parientes.

En esos primeros años rigió un sistema de concubinato casi poligámico, que facilitó la rápida propagación del mestizaje. Con el aporte femenino de la expedición de doña Mencia Calderón (1556) comenzaron a formarse allí los primeros hogares blancos, y lentamente fue estabilizándose la vida familiar.

No hubo diferencia alguna de trato entre blancos y mestizos. La situación precaria de aquellas poblaciones creaba una amplia solidaridad social y todos los que convivían en una misma casa recibían el trato de hijos de familia, sin diferencias de color ni de legitimidad de estado.

Posteriormente, con la aparición de nuevas generaciones, comenzaron a hacerse visibles ciertas diferencias. Los hijos mestizos que continuaban viviendo con sus padres eran legitimados, recibían educación cristiana, casaban a su vez con personas de raza blanca y acabaron siendo considerados blancos, en tanto que aquéllos que seguían a sus madres y se vinculaban más a la comunidad indígena terminaban por asimilarse a ésta.

Los criollos se criaron en un ambiente de gran libertad, por cuanto sus padres, ocupados en los quehaceres de la conquista y de las rencillas políticas, poco tiempo tenían para dedicarse a la educación de tan abundante prole, que en un cuarto de siglo se contaba en cinco mil almas.

Ya jóvenes, aplicaron ese espíritu libre a una vida audaz y desordenada; pero cuando una mano severa como la de Garay les impuso un orden que desconocían, supieron dar un buen plantel de nuevos pobladores.

De los 89 primeros pobladores de Santa Fe, 80 eran criollos y, de los 64 de Buenos Aires lo eran 53.

En Tucumán el proceso de mestización fue menor a causa principalmente de la belicosidad de los indígenas. Existió, sin embargo, siguiendo una costumbre general a toda América española. Ejemplo de ello en el Perú fue el casamiento del futuro Adelantado Ortiz de Zárate con una hija del emperador Inca Manco Cápac Yupanqui.

En Cuyo, el mestizaje fue inicialmente menor aún, ya que los indios huarpes fueron en buena medida exportados a Chile, para ser allí explotados, y este duro tratamiento provocó su extinción parcial y el alejamiento de los restantes de la vecindad del blanco.

Bibliografía:

* Carlos Alberto Floria/César A. García Belsunce - “Historia de los Argentinos” - Tomo 1 - Capítulo 4.

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