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El fundador de la Ciudad de Vera

Juan de Torres de Vera y Aragón había nacido en Estepa (Andalucía, España), en la tercera década del siglo XVI; hijo de una benemérita familia, sus padres fueron Alonso de Vera y Aragón y Luisa de Torres(1).

(1) Material escrito por Alberto A. Rivera y publicado en el fascículo Nro. 2 de la obra “Historia de los Correntinos y de sus Pueblos”, editada por Amerindia Ediciones e impresa en la empresa “Nueva Etapa” (Corrientes) en Mayo de 1985.

La niñez y mocedad del joven Torres de Vera y Aragón están envueltas por densas sombras, como así también se carece de noticia alguna de sus estudios.

No obstante, se sabe que culminó su formación con el título de Licenciado.

A fines de 1565 partió de España rumbo a América. Con el nombramiento de Oidor, venía a desempeñarse en la Real Audiencia de Concepción. Dos años después, ya se hallaba instalado en la misma, en la cual los oidores tuvieron no poco trabajo, resolviendo pleitos entre los indígenas y los conquistadores.

Entre sus misiones, se lo recuerda como el pacificador de Angol y Osorio, en Chile. En la primera ciudad prendió al cabecilla del descontento, mandándolo a la horca; en la segunda, castigó a los culpables con multas en dinero y con prisión.

Mediante su proceder enérgico, aquietó los ánimos levantiscos, quedando aquellas poblaciones sosegadas para lo presente y futuro.

Hacia 1569, mediante Poder General dado por el Gobernador y Capitán General de Chile y Presidente de la Real Audiencia, Melchor Bravo de Saravia (1568 - 1575), asumió Torres de Vera y Aragón la gobernación de Chile, desempeñándose acertada y valerosamente en la pacificación de los aborígenes, de tal suerte que los araucanos llegaron a temerle.

En 1571, y sin mediar reconocimiento alguno por sus esfuerzos, el inconstante Bravo de Saravia lo destituyó de los poderes que le había otorgado. Fue reemplazado por el general Velasco, cuya misión fracasó, enardeciendo aún más el ánimo de los araucanos.

Sucesivas derrotas de las huestes conquistadoras, determinaron que Vera y Aragón, olvidando agravios, ofreciera sus servicios en la defensa de Concepción a Bravo de Saravia, quien se hallaba temeroso por los acontecimientos.

El gobernador le encomendó la tarea de frenar el ímpetu de los naturales, destacándose nuevamente por su valor y audacia,

como si desde la mocedad hubiese estado en los afanes militares.

Luego de esos encuentros, el oidor no volvió a tomar la espada, dedicándose a la tarea de atender los asuntos concernientes a la Audiencia, hasta que en 1575 dejó de funcionar la misma.

Después de ordenar algunos asuntos particulares, el 18 de Febrero de 1576 partió con destino al Perú, ejerciendo en la Audiencia de Charcas las mismas funciones y

donde un sinnúmero de conflictos políticos, administrativos y sentimentales iban a imprimir profundas características históricas a su personalidad....

Por esos años vivía en Charcas la joven Juana Ortiz de Zárate, hija natural reconocida del Adelantado Juan Ortiz de Zárate, quien había heredado de su padre el Adelantazgo, pero no podía ejercerlo; ello lo haría el hombre que la desposara.

Esta condición determinó muchos pretendientes; más, sobre ellos, triunfó el licenciado Juan de Torres de Vera y Aragón, quien se casó el 15 de Diciembre de 1577.

Este hecho ocasionó a nuestro licenciado largos pleitos, cargados de aspectos jurídicos y novelescos, teniendo en su contra hasta al mismo Virrey del Perú,  Francisco de Toledo (1569-1581), que terminaron hacia 1581, cuando llegó el nuevo virrey, Martín Enríquez de Almansa, Marqués de Alcañices (1581-1583).

Mientras tanto, como Juan de Torres de Vera y Aragón se hallaba impedido para asumir su Adelantazgo, designó como Lugarteniente suyo, el 9 de Abril de 1578 a Juan de Garay, quien gobernó el territorio del Río de la Plata hasta su muerte, acaecida a fines de Marzo de 1583 -en el ínterin, había refundado Buenos Aires, en 1580, por indicación del Adelantado-.

Sucedió a Garay, por nombramiento del 27 de Julio de 1583, Juan de Torres Navarrete -pariente del Adelantado-, y en cuyo Gobierno, Alonso de Vera y Aragón, "el Cara de Perro", sobrino del Adelantado-, fundó, en nombre de su tío, la ciudad de Concepción de Nuestra Señora (15 de Abril de 1585).

Estas fundaciones -Buenos Aires y Concepción-, se efectuaron con el fin de cumplir lo estipulado por su suegro, en la capitulación del 10 de Julio de 1569.

Para entonces, el 5 de Enero de 1584, su esposa, Juana Ortiz de Zárate, había fallecido en Charcas; antes, le había dado un hijo, que se llamó Juan Alonso, quien tendrá larga actuación en Córdoba.

El largo pleito que lo retenía en Charcas terminó hacia 1587 y, una vez obtenido el permiso de las autoridades correspondientes, viajó a Asunción, donde llegó el 9 de Junio de ese año.

Al poco tiempo, emprendió una campaña en contra de los indios guaycurúes, a los que

“echó en tierras tan remotas, tan escarmentados, que hasta el día de hoy la dicha ciudad (Asunción) ha quedado en sosiego y quietud”,

lo cual le valió ganarse la voluntad de los guaraníes.

Se dice que en Asunción contrajo matrimonio con María Arias de Mansilla, de la cual nació un hijo, llamado Gabriel de Vera y Aragón, quien presumiblemente no conoció a su padre.

Entre 1587 y 1588, el Adelantado se abocó a preparar el contingente para fundar una ciudad. Al efecto, eligió el paraje que, años antes, en 1581, el sacerdote fray Juan de Rivadeneyra había señalado en su relación al rey.

Una vez proclamada la empresa en Asunción, y contando con el valioso apoyo de Hernando Arias de Saavedra y de su sobrino Alonso de Vera y Aragón, "el Tupí", se alistaron hombres que ya habían participado en otras campañas de conquista, tales como Juan de Torres Navarrete, Diego Gallo de Ocampos, Felipe de Cáceres, Pedro López de Enciso y Nicolás de Villanueva, quien será el Escribano de la fundación.

Ocurrió este hecho el 3 de Abril de 1588, dejando asentada la Ciudad de Vera que, con el transcurrir de los años, se denominó Corrientes. Una vez cometido su deseo, abandonó la ciudad, dejando a su sobrino Alonso a cargo del Gobierno.

Previa a la fundación de Vera, el Adelantado fue notificado de una resolución por la cual se le ordenaba que no nombrara en cargos públicos a pariente alguno suyo. Mas él llevó a cabo su empresa de fundar la ciudad a la que le dio su nombre, y designar sus autoridades.

En su viaje hacia España, se detuvo en Santa Fe, donde realizó algunos nombramientos de gobierno, y encomendó

“a los capitanes Diego de Olivarri y Sebastián de León, la fundación de una ciudad que se denominaría Nueva Estepa” -recordaba así a su pueblo natal-.

Esto no pudo cumplirse.

De Santa Fe se dirigió a Buenos Aires donde, a fines de 1588, al nombrar teniente de gobernador de esta última, a Hernando de Mendoza, recuerda que se marchaba a España

“a dar aviso a Su Magestad del estado de esas provincias”.

Antes pasaría por Charcas, desde donde escribió un extenso Memorial al rey Felipe II, en el cual exponía sus méritos y reclamaba lo que creía justo.

Para fines de 1589, se hallaba en Sevilla; dos años después, se dice que renunció al Adelantazgo, para luego retornar a América. Lo cierto es que en 1606 estaba en Charcas, “escenario de sus amores y padecimientos”.

Del licenciado Juan de Torres de Vera y Aragón, y a manera de síntesis, se dijo que:

“En función de Oidor, administró Justicia en Concepción y en Charcas; como militar, con algo de Cid y un tanto de Quijote, vinculó su nombre a la conquista de Chile, en la dura y sostenida guerra contra los araucanos; como Adelantado del Río de la Plata, mandó poblar Buenos Aires, hizo fundar la Concepción de Nuestra Señora y Santiago de Xerez, y fundó la ciudad de Vera, ligando su quehacer a hechos de fundamental importancia en la crónica histórica rioplatense”.

Su muerte ocurrió en Charcas, en fecha imprecisa del año 1610, sin que hasta el momento se tengan noticias de dónde descansan sus restos. Al decir del doctor Federico Palma, “penumbra y tiempo nada más” sobre su tumba.

De las ciudades por él fundadas, o mandadas a fundar, sólo desaparecerá en 1632/33, Concepción de Nuestra Señora. La Ciudad de Vera continuó desarrollándose, entre la humildad y el valor de sus primeros pobladores.

No obstante, ella heredó no sólo el nombre de su fundador, sino que además, la sangre de aquellos mancebos de la tierra le imprimieron la fuerza necesaria para transitar por largos y sacrificados caminos de la vida, pero con la felicidad de acrecentar los bienes de España, primero, y más adelante de la Argentina.

- Bibliografía usada por el autor

* Federico Palma. “Don Juan Torres de Vera y Aragón”, en: “Revista de la Junta de Historia de Corrientes” Nro. 2, año 1967, pp. 11- 64. Este trabajo fue impreso dos veces en folleto, bajo el título “El último Adelantado del Río de la Plata, licenciado Juan Torres de Vera y Aragón” (1968), Corrientes, Imprenta del Estado; la otra edición es la ejecutada por la Sociedad Argentina de Escritores, en 1981, en su “Colección de Escritores Correntinos”, Nro. 1.
* Carlos A. Luque Colombres. “Don Juan Alonso de Vera y Zárate (Adelantado del Río de la Plata)” (1944), 67 páginas, Córdoba. Imprenta de la Universidad.

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