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Andalucía

Sólo Andalucía, con aquéllos mismos expertos marinos cantábricos y sus discípulos locales, con la capacidad para la aventura desarrollada en la larga historia del “fecho de la mar” y la paralela epopeya terrestre de la Reconquista, con su espíritu de especulación y una técnica mercantil desarrollada por los inmigrantes genoveses allí radicados, estaba disponible para la gran empresa(1).

(1) Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), tomo I, capítulo 2. Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

El descubrimiento de las islas Canarias y Azores hacía presumir la existencia de otras más al Oeste. El momento histórico estaba dado. Sólo faltaban el hombre y el estímulo determinante. El hombre fue Colón. El estímulo, la tierra de las especias, las islas Molucas.

La lentitud y los riesgos de los viajes marítimos así como el escaso porte de las naves los hacían poco interesantes desde el punto de vista comercial, salvo que los cargamentos tuvieran un alto valor en relación a su volumen.

Por eso las mercaderías exóticas, muy buscadas y bien pagadas en Europa, eran la carga preferida de capitanes y armadores y de quienes la financiaban: miembros del patriciado urbano, judíos, extranjeros y, a veces, nobles dedicados a la inversión comercial.

Dentro de aquellas mercancías de excepción, las especias orientales, costosas y trabajosamente transportadas por tierra hasta Europa, constituían el ideal.

La perspectiva de hallar una ruta marítima que permitiera un fácil acceso al Lejano Oriente se presentaba como una esperanza de riquezas para los particulares, y de poderío y fortuna para las Coronas, las que además aspiraban a asegurarse aquella extraordinaria fuente de recursos por la conquista de puntos de apoyo en aquellas regiones y aún por el sometimiento de vastas tierras.

Los objetivos de Castilla y Portugal eran idénticos en este asunto, pero parecía entonces que Portugal había tomado la delantera y que difícilmente Castilla podría disputarle la ruta del Africa -que consistía entonces en descubrir el extremo sur del continente y girar luego al Oriente en busca de la India y Catay-, sin arriesgar una guerra con Portugal o por lo menos conflictos que los Reyes Católicos deseaban evitar para aplicar todas sus energías a la conquista de Granada.

Cuando en 1486 el portugués Bartolomé Días descubrió el Cabo de Buena Esperanza y se asomó al océano Indico, muchos comprendieron que el rey Juan II había ganado la carrera de las especias.

Pasaría una decena de años hasta que Vasco da Gama uniera en un viaje Portugal y la India, pero de todos modos el portugués llegó más de veinte años antes que el binomio Magallanes-Elcano.

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