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Colón: descubridor y primer colonizador americano

Colón fue, además de descubridor, el primer colonizador de América(1).

(1) Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), tomo I, capítulo 3. Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

Tomando como punto de referencia la experiencia portuguesa en Africa, concibió la colonia como una factoría, cuyo objeto primario era producir ganancias. Estas provendrían del oro y de la explotación de los naturales, sea que se les sometiera a tributo o que se les vendiera como esclavos.

Los españoles que trajo Colón no recibieron de él tierras para explotarlas como propias, sino que vinieron a América como asalariados. Estos hombres estuvieron poco dispuestos a trabajar tierras que no eran suyas y a lavar las arenas de los ríos en busca de un oro que no quedaría en sus manos, sino en las arcas de la Corona y en los bolsillos del almirante.

Colón, conocedor del carácter español, quiso forzar a sus hombres al trabajo con medidas severas y duros castigos. Esto causó un gran descontento, que unido a las vicisitudes de la dura vida del establecimiento y a los conflictos con los indígenas, dio origen a la insurrección de 1497.

Como solución los Reyes autorizaron la explotación del oro por los particulares fijando una participación para la Corona. La autoridad de Colón quedó deteriorada y dos años después fue finalmente destituido de sus cargos.

Nicolás de Ovando, el nuevo gobernador -1502-, se alejó de la idea de la factoría y se dedicó a poblar Santo Domingo fundando ciudades y repartiendo tierras a los colonos, a la vez que reducía por la fuerza a los más díscolos.

La nueva política provocó el repunte de la explotación aurífera y de los cultivos. Pero la subsistencia de la colonia dependía de un ritmo creciente de producción que no podían lograr los escasos pobladores blancos.

La única solución estaba en la mano de obra indígena. Pero los nativos, menos aún que los españoles, estaban dispuestos a una disciplina de trabajo permanente que nunca habían conocido. Para ellos el trabajo era un medio para asegurar su subsistencia, y ésta quedaba garantizada con muy poco esfuerzo en aquel medio de exuberancia tropical.

Imposibilitados de obtener mano de obra voluntaria, los españoles recurrieron al repartimiento de indios, entregando cierta cantidad de ellos a cada poblador con obligación de trabajar para éste, quien en retribución quedaba encomendado de protegerles e instruirles en la doctrina cristiana.

Cada encomendero pudo disponer así de un número cierto de trabajadores; pero el sistema se transformó rápidamente en una explotación despiadada del indígena que no soportaba el esfuerzo a que era sometido, agravado por la recepción de enfermedades hasta entonces desconocidas para él.

Las bajas y las deserciones condujeron a la caza de los indios no sometidos a la encomienda para reducirlos a ella, caza que luego se extendió a otras islas. Tratados en la práctica como siervos, el sistema condujo a la extinción  de  la  población  aborigen de las Antillas en su casi totalidad.

Este sistema terminó por favorecer a funcionarios venales que obtenían encomiendas sin residir en América y que, aprovechándose de sus cargos, acallaban las protestas de quienes denunciaban aquellos procedimientos.

Pero la situación hizo crisis en 1511 con la denuncia pública de Montesinos, que dio origen a la famosa disputa sobre la condición de los indios y como consecuencia a un movimiento legislativo (1512-1543) de sana inspiración, que si bien no eliminó las encomiendas ni desterró los abusos, fijó la orientación de la legislación española sobre el trato a los indígenas, sus derechos y la protección que les era debida.

Durante este proceso el cardenal Cisneros, Regente de Castilla, destituyó en 1515 a los principales culpables y encomendó a los frailes Jerónimos, el Gobierno de Santo Domingo.

Los Jerónimos trataron de ensayar un Gobierno que llevara a la práctica la doble preocupación de justicia y realismo de la nueva legislación y subrayaron el sentido misional de la Conquista, que hasta entonces no había sido más que una desoída y persistente inquietud de la Corona.

La muerte de Cisneros, en 1518, impidió llevar adelante el experimento, y el renacimiento antillano se demoró hasta el momento en que el indio extinguido fue reemplazado por el esclavo negro.

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