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Papel de España

Adversarios y leyendas relacionados con la conquista y colonización de América pueden producir en el lector del siglo XXI una impresión desfavorable de España, por lo que es oportuno recordar lo dicho por Clarence Haring, quien distinguió las “colonias granjas” -propias de las zonas templadas y fundadas en el trabajo del hombre blanco-, de las “colonias de explotación”-basadas en el trabajo obligatorio de las razas dominadas-.

Afirma acertadamente el historiador norteamericano, que la organización económica y social de este último tipo se impuso en todas las zonas tropicales y fue común a las posesiones españolas, inglesas y portuguesas, generando en todas el mismo tipo de inconvenientes y de excesos.

Para honra de España ninguna otra potencia colonial tuvo la permanente preocupación que ella demostró por superar tales inconvenientes y poner fin a semejantes excesos.

El mismo Haring, tentado por la frecuente comparación entre los distintos sistemas de las potencias coloniales, dice que poco diferían en esencia.

“Todas ellas afrontaron condiciones similares con similares métodos. Pero ningún país europeo había gobernado jamás tan vasto imperio y ninguno pudo compararse a España en la extensión y ejercicio de la autoridad real. Las medidas empleadas parecían las únicas posibles en aquel tiempo; frecuentemente dieron buenos resultados, y no cabe culpar a España de no haber podido prever el futuro más claramente que sus rivales.
"Lo que debe recordarse es que conservó su Imperio intacto durante tres siglos y que lo perdió al fin por no haber sido capaz de adaptarse con nuevos métodos a condiciones nuevas; o sea, ni más ni menos, lo que le sucedió a su gran rival, Inglaterra, con la revolución de las colonias norteamericanas. No sólo haber conquistado tal Imperio, sino haberlo mantenido por tanto tiempo, constituyó una hazaña portentosa”(1).

(1) Clarence Haring. “El Imperio Hispánico en América” (1966), 4ta. edición, p. 163, Buenos Aires. Ed. Solar-Hachette. // Citado por Carlos Alberto Floria / César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”, tomo 1, capítulo 3.

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