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Ibapoí

Ibapoí. (Yvapo’y).

 

Arroyo afluente del río Paraná en el que desagua en su brazo Tres Hermanas Sur, Departamento Ituzaingó.

Confirmando tantos otros casos, el arroyo ha tomado su nombre de este árbol característico de la región subtropical.

Se trata del Ficus monkee, también llamado Ficus luschnathyana, perteneciente a la Familia de las Moraceas, una higuera que se propaga por medio de los pájaros, los murciélagos y los monos.

Su fruto, un pequeño higo, es comido por esos animales, y sus semillas, después de sufrir, en el tracto intestinal, un proceso de escarificación, son depositadas con su estiércol sobre la rama o la horqueta de un árbol mayor. Allí germina con facilidad, porque tiene a su disposición oxígeno del aire, luz del sol, agua de las lluvias y abono del estiércol, los elementos esenciales para germinar y crecer.

Ya germinada, la pequeña planta emite raíces que van descendiendo por el tronco del árbol hospedante y engrosándose a medida que descienden. Una vez llegadas al suelo, penetran en el mismo, multiplicándose en raicillas que crecen y se hacen fuertes, con lo cual ya es un árbol con todos sus elementos propios.

Sus hojas comparten el espacio aéreo con las hojas del árbol en el que se apoyó para nacer y empezar su vida.

No es verdad que estas poderosas raíces, que nacen aéreas, que ahora ya son tallo del nuevo árbol, ahoguen o maten a quien les dio sostén. A veces los cubren totalmente y, a veces, parcialmente; pero, como se trata de ejemplares adultos y fuertes, ningún daño pueden hacerles. Tal vez ahogen a ejemplares menores, pero lo regular es que sobrevivan en el mismo lugar los dos ejemplares.

El más hermoso ejemplar que he visto, está en el camino de Caá Catí a Mburucuyá, a mano izquierda, yendo de Norte a Sur. Se trata de un altísimo yata’y (jata’i), que parece nacer sobre la copa del higuerón. El fino tallo de la palmera está totalmente

cubierto y sólo se lo ve por encima de la frondosa copa del ivapo’y.

Muchos reunidos pueden verse en la plaza central de Santa Ana de los Guácaras, frente a la antigua y pintoresca iglesia. Casi todos los jacarandás del perímetro albergan a estos higuerones. Allí pueden apreciarse las distintas edades de los huéspedes aéreos.

Igualmente ocurre en las ruinas jesuíticas de San Ignacio (Misiones), donde esas raíces aéreas abrazan muros y piedras del lugar. Sobre esos muros se posaron las aves y allí nacieron ellos.

En la ruta nacional 12, en las cercanías de San Cosme, una palmera sostiene un ejemplar que la abraza. Un cartel los señala, equivocadamente, como “rareza vegetal”.

Donde puede observarse claramente ese fenómeno es en el ejemplar de higuerón del Parque Mitre de Corrientes, en el que sus raíces adventicias descienden y se transforman en tallo, cada vez más amplio.

Este ejemplar exótico es primo de los que viven en nuestros montes. Pertenece al mismo género, pero su nombre científico explica su origen, pues se llama Ficus bengalensis, mientras el nuestro es, Ficus monkee.

Esos ejemplares exóticos se encuentran también en la plaza España, de Santa Fe, y en la plaza Lavalle, de Capital Federal.

Algunos lo llaman Guapoí, como rezan los pequeños carteles indicadores de la plaza de Santa Ana.

La escritura correcta es yvapo’y, descomponiéndose la palabra en yv, de yvyrá (árbol), apo (raíz), y (erguido, vertical). “Arbol de raíces erguidas”. En castellano: raíces adventicias.

 

Bibliografía:

Material extraído de la obra “Toponimia guaraní de Corrientes”, del profesor José Miguel Irigoyen, editado por el Instituto de Antropología “Juan B. Ambrosetti” de la Universidad de Concepción del Uruguay (Entre Ríos), en 1994.

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