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Iberá

Iberá. (Yvera, aguda sin acento)

 

Cuando hablamos del Iberá nos referimos a ese extenso sistema de lagunas, esteros y riachos interiores que ocupan una superficie de 13.000 km2, aproximadamente.

La profundidad promedio del sistema es de 3,5 metros, en las lagunas, la que disminuye en los esteros de la costa.

Dos comportamientos tiene su abundante vegetación. Por una parte, aglomeraciones de la misma forman, dentro de las lagunas, islotes flotantes que a veces arraigan en el fondo y otras sobrenadan, con un espesor de un metro, aproximadamente, que permite la radicación de pequeños árboles, entre ellos el sarandy. En el lenguaje vulgar se los llama embalsados.

En las regiones más playas, esteros propiamente dichos, un delgado manto verde cubre la superficie. Sólo cuando se vuela sobre ellos se distingue el agua, ya que el sol se refleja como a través de una criba. Pero, desde el suelo, todo parece una cubierta verde.

Además de lo descripto, el sistema posee lagunas totalmente limpias y de gran extensión. En el Norte, las lagunas Galarza, Contte y Luna; en el Sur, Itatí, Trim y Paraná. En esta última cae el arroyo Carambola, cuya corriente la atraviesa, para emerger hacia el Sudoeste y formar enseguida la iniciación del río Corriente.

En la parte sudoriental, junto a las nacientes del río Miriñay, se halla la Laguna Iberá propiamente dicha. Sobre ella se recuesta la población de Colonia Carlos Pellegrini.

Toda esta descripción es a los efectos de la traducción de su nombre.

Y (agua), vera (brillante), nos dan: “laguna de aguas brillantes”.

Esas aguas no son solamente brillantes, sino sumamente transparentes. Se ven los peces y las plantas subacuáticas con sus colores.

El nombre es anterior a la presencia española y mestiza, y probablemente se originó en la laguna homónima, proyectándose más tarde a todo el sistema. Ella es un dilatado espejo, bajo un cielo límpido, sin brumas ni smog, salvo cuando hay quemazones vecinas. Pero eso es pasajero. En lo demás, todo allí brilla.

Más tarde, los establecimientos rurales y el acceso por distintos lugares fue dando nombres no indígenas a las otras lagunas, esteros, riachos, bañados y pasos que hemos nombrado y seguiremos nombrando, cada vez que el abecedario nos indique.

Surgieron también nuevos nombres guaraníes, nacidos de la flora y la fauna y del sistema mismo.

Así, pues, proyectado el nombre primitivo, cuando decimos ahora esteros del Iberá, involucramos a todos los accidentes hídricos de ese inmenso complejo.

 

Iberá. (Yvera)

Al margen de lo que acabamos de describir, encontramos fuera de aquel sistema dos veces el mismo nombre.

Uno, en el Departamento Curuzú Cuatiá, designando un arroyo que, después de unirse al arroyo Vizcachas, desagua en el arroyo Espinilla.

El otro, en el Departamento Esquina, para referirse a una laguna situada al Este del río Corriente y al Sur de la cabecera del Departamento.

En ambos casos, la traducción es la misma.

 

Bibliografía:

Material extraído de la obra “Toponimia guaraní de Corrientes”, del profesor José Miguel Irigoyen, editado por el Instituto de Antropología “Juan B. Ambrosetti” de la Universidad de Concepción del Uruguay (Entre Ríos), en 1994.

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