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Estepa

por Gustavo Miguel Sorg(*)

La villa de Estepa, ciudad natal del licenciado Juan de Torres de Vera y Aragón, está situada en la falda de la Sierra de Estepa, en el monte de Becerreros, y este macizo situado, a su vez, en el valle del Genil, a 110 kilómetros de Sevilla.

Tiene un pasado antiquísimo; en sus estribaciones se han encontrado restos de razas libio-fenicias y libio-púnicas.

En la zona conocida como el Cerro de San Cristóbal, se asentó una aldea turdetana, que sería conocida con el nombre de “Astapa”.

En las guerras púnicas, tomaron partido por Cartago y, al verse cercada por las tropas romanas de Lucio Marcio, el pueblo decide suicidarse colectivamente, antes de ser conquistada y destruida por las tropas romanas. Esto sucedió en el año 206 a. de C(1). Aún no existe unanimidad sobre el nombre antiguo de Estepa; las hipótesis más aceptadas son: “Astapa” y “Ostippo”.

En la época romana se la denominó Ostippo, y pertenecía a Ecija (Conventus de Astigi). La ciudad romana ocupó la parte alta de la ciudad, y se han conservado algunos vestigios de esta época como, por ejemplo, inscripciones en lápidas funerarias, ánforas, el itinerario de Antonino y un pequeño fragmento de la Ley municipal, que convierte a Ostippo en municipio Flavio.

Es en este momento cuando se puebla la llanura existente al Norte de Estepa, como lo atestiguan los numerosos restos de explotaciones agrícolas que, en algunos casos, serían pequeñas poblaciones.

Durante el período de ocupación visigoda, la ciudad perteneció al Reino de Tolosa. Como testimonio de esta época se conoce el hallazgo de una necrópolis, en la zona Noroeste de la ciudad, en el que se ha encontrado la tapa de un sarcófago paleocristiano y un ladrillo con motivos religiosos.

Con la ocupación árabe, se le cambia el nombre por el de “Hisn Istabba”; estuvo dotada de alcazaba(2), mezquita y medina(3), siendo también la cabeza de uno de los distritos musulmanes.

Por su situación fronteriza, fue conquistada por el reino taifa de Granada, a finales del siglo IX, y ser canjeada más tarde por Alcalá la Real.

De este período musulmán han aparecido algunos restos, como la llamada “mano de Fátima”, o Rhamsa, símbolo de divinidad en la cultura musulmana y que, según la tradición popular, la mano corresponde al nombre de Alá, a los cinco dogmas del Islam y al número de oraciones diarias.

El día 15 de Agosto de 1240, fue conquistada la fortaleza de Hisn Istabba (Estepa), por el rey Fernando III, “el Santo”, pasando desde ese momento a formar parte de la Corona.

Años más tarde, concretamente, el 29 de Septiembre de 1267, el rey Alfonso X, “el Sabio” entrega la villa a la Orden de Santiago, en la persona de su Maestre, don Pelay Pérez Correa, como compensación por su ayuda militar y para garantizar su defensa ya que, por su situación geográfica, era Estepa una villa estratégicamente ubicada en la frontera para la guerra contra el reino nazarí.

Al principio de estas guerras, la ciudad estuvo muy expuesta en primera línea, y quedó relativamente resguardada, desde la caída de Antequera, en 1410, pues todavía habría de sufrir las incursiones del Alcaide de Loja, Abu-I-Asan Ali (príncipe heredero del reino de Granada).

Desde el año 1267, estuvo bajo la órbita de los maestres de la Orden de Santiago, los cuales la repoblaron y mantuvieron bajo su control hasta el año 1559.

Terminada la Guerra de Granada y pacificada definitivamente la zona, se abre un nuevo período caracterizado por el asentamiento de colonos venidos de distintas partes de la península.

Pero, la política imperialista de Carlos VI, ruinosa para la Real Hacienda, va a poner en práctica una enmascarada desamortización eclesiástica, con el consentimiento del Papado, expresado en la Bula de Clemente VII, el 20 de Septiembre de 1529, por la que se autoriza el desmembramiento de las Ordenes militares y las Mesas Maestrales.

El 22 de Junio de 1559, fue segregada de la Orden la Encomienda de Estepa, y tomó posesión de ella, en nombre de la Corona, don Francisco Pérez de Almazán.

Así pues, desaparecida la Encomienda santiaguista de Estepa, Carlos V dispone su venta, ofreciéndola a un banquero genovés, con quien tenía contraídas algunas deudas, llamado Adam Centurión, que acepta la compra por un precio establecido de 206.250.000 de maravedíes, según consta en la carta definitiva de venta, firmada el 12 de Agosto de 1559.

La casa nobiliaria de los Centuriones era una de las 28 grandes familias patricias de Génova, donde esta familia tenía su origen. De esta forma, su hijo, Marcos Centurión, se convierte, en 1559, en primer Marqués de Estepa, y su tierra, perdurando este régimen señorial hasta principios del siglo XIX, período en el cual se lograría su mayor auge artístico y monumental.

Al ser segregada la villa de Estepa de la Orden de Santiago, quedó la vicaría automáticamente exenta, y al ser vendida la antigua Encomienda, pasaron los vicarios a ser los delegados de los nuevos dueños. Claro, esto sólo en los papeles de venta, pues en la realidad los vicarios siguieron siendo delegados del Prior de San Marcos de León, sede de la Orden, hasta 1590, y, desde entonces, hasta la extinción de la vicaría, en 1874, lo fueron por delegación apostólica y con el anárquico lema de “Vere Nullius”, en virtud del privilegio pontificio de Pío IV.

Contra este hecho, protestaron los marqueses de Estepa por su estado de derecho, pero los vicarios siguieron haciendo su santa voluntad y nombrando a los capellanes de las numerosísimas capellanías existentes en Estepa y en los pueblos de la antigua Encomienda, sin tener en cuenta para nada a los nombrados por los marqueses en sus pomposos nombramientos.

La ciudad fue rompiendo el recinto de murallas y formando arrabales ladera abajo, flujo imparable que llevaría al total despoblamiento del cerro y a la consolidación de la población en su emplazamiento actual.

Las tensiones que surgen en el siglo XIX acentuarían un fenómeno que, si no particular, sí tuvo un gran desarrollo en su entorno: el bandolerismo. A las partidas guerrilleras de la época napoleónica, sucedieron las cuadrillas de signo político y social. De los numerosos bandoleros que hicieron en Estepa su centro de operaciones, trascendió especialmente la fama de Juan Caballero, José María el Tempranillo, el Vivillo y el Pernales(4).

En el año 1886, la reina María Cristina, dando prueba de su real afecto por la villa de Estepa, por su aumento de población, su progreso en la agricultura y su constante adhesión a la monarquía constitucional, tiene a bien concederla el título de Ciudad por real decreto.

En cuanto a la época en que Alonso de Vera se establece en la villa de Estepa, con don Juan Portocarrero, penúltimo Comendador de la Encomienda de Estepa, perteneciente a la Orden de Santiago, poco se puede agregar, ya que el primer “libro de visita” data del año 1495 y poco dice en él sobre esta Encomienda, lo cual es extensible a todo el señorío andaluz de la Orden.

Don Juan Portocarrero fue titular de la Encomienda desde el año 1494 al 1511. Era primer Marqués de Villanueva del Fresno y Alcalde Mayor de Sevilla por heredad. Fue hijo de don Pedro Portocarrero y de doña Juana de Cárdenas, hija única de don Alonso de Cárdenas, Maestre de la Orden de Santiago.

Don Juan llegó a ser Comendador por merced de su abuelo, según constaba del testamento otorgado por este Maestre en 1493. Casó con doña María Osorio, hija de los primeros Conde de Lemus, siendo enterrada en la iglesia parroquial de Santa María de Estepa.

Del matrimonio nacieron varios hijos, uno de los cuales, Cristóbal, sería años más tarde, el último Comendador de Estepa (1550 - 1559).

La familia Portocarrero-Cárdenas, llegó a dominar dos de las más importantes Encomiendas santiaguistas de Andalucía: la de Estepa y la de Segura de la Sierra.
Según el Nobiliario de Alonso López de Haro(5), Alonso de Vera “sirvió en la guerra contra los moros, y viniendo don Juan Portocarrero a socorrer la Villa de Estepa con gente del Maestre don Alonso de Cárdenas, vino a la dicha jornada y quedó por Capitán de aquella frontera”. Alonso de Vera fue Contador del Comendador, uno de los cargos del “aparato” señorial en los que se dividía Estepa, como se verá más adelante.

Con respecto a la actuación de don Juan de Portocarrero como Comendador de la Encomienda de Estepa, fue sólo en el año 1509 cuando los visitadores de la Orden encontraron a don Juan en Estepa, de forma que no disponemos de ninguna descripción de la visita personal, como las que se conocen de otros Comendadores, para saber cómo cumplía las responsabilidades de su cargo.

Indicaciones indirectas nos informan de las principales obligaciones del Comendador: residir en la Encomienda durante una tercera parte del año; mantener siete lanzas(6); dar limosnas en las tres fiestas del año; y decir treinta Misas.

Unicamente puede constatarse el cumplimiento de sus obligaciones militares, pero no de las restantes. No aparecen en las cuentas de los Mayordomos de la iglesia parroquial ninguna partida de ingresos en concepto de limosnas del Comendador, ni constancia del pago de las treinta Misas, pero sí referencias explícitas al incumplimiento de las ordenes, dictadas por los visitadores, para que costeara la Caja del sagrario.

La misma negligencia era mostrada por el Comendador en el mantenimiento y reparación de las propiedades de la Encomienda, tales como hornos, molinos y fortalezas.

El primer puesto de la jerarquía del aparato o clientela señorial, estaba representado por el Alcaide, cargo que, desde el año 1495 al 1511, estuvo ocupado por Andrés Cerón. Su nombramiento correspondía directamente al Comendador, aunque en última instancia y debido a su función de custodio de la fortaleza, estaba bajo la autoridad maestral, subsumida, a su vez, en la Corona real.

Es por esto por lo que, aparte del pleito-homenaje que en cada visita debía prestar a los visitadores, como representantes del Maestrazgo, al principio de su mandato debía prestarlo también al Comendador.

En definitiva, las funciones del Alcaide eran: la custodia de la fortaleza como clavero, que era de la misma y la de tratar, conjuntamente con el Comendador los problemas de la Encomienda, siendo su representante directo ante los visitadores.

En todo ello estaría ayudado por otros criados, especialmente el portero de la fortaleza y el mampostero, o encargado del cobro de las multas percibidas por la Encomienda. El Alcaide era también el responsable de la Administración económica de la Encomienda, hasta el año 1501, en el que se cedió esta función al Mayordomo.

Los vecinos de Estepa, o no tuvieron quejas contra el Comendador, o no se atrevieron a exponerlas. Lo cierto es que en ninguna de las visitas se recogieron agravios particulares. Mayores fueron, al parecer, las tensiones surgidas entre el Comendador, don Juan Portocarrero, y la iglesia parroquial de Santa María, no sólo porque se mostraba parco a la hora de traducir materialmente su voluntaria devoción religiosa y cumplir a regañadientes lo que estaba obligado por los estatutos santiaguistas, sino que llegó a forzar a la Iglesia a que entablara pleito con él ante el Maestrazgo sobre un diezmo denominado del escusado.

Probablemente la disputa estaría originada por la negativa del Comendador a pagar dicho diezmo.

No tenemos noticias referentes a las obligaciones del Contador de la Encomienda, cargo que desempeñó Alonso de Vera, pero seguramente estas estaban íntimamente ligadas a llevar las cuentas de la Encomienda.

Notas

(*) Extraído del libro "Juan de Torres de Vera y Aragón. Nueva historia de la fundación de la ciudad de Vera", de Gustavo Miguel Sorg -edición del autor- en 2007.

(1) Livio, Tito, Ab urbe condita. Obra escrita por el famoso historiador romano Livio Tito, quien vivió alrededor de los años 59 a. de C. y 17 a. de C., conocidas más comúnmente como Las Décadas. Esta historia de Astapa está contenida en Las Décadas.
(2) Alcazaba: del árabe, qasbah (ciudadela); es un recinto fortificado, dentro de una población amurallada, cuya función es servir de defensa militar.
(3) Medina: en árabe, madina, que significa ciudad.
(4) Todos naturales de Estepa, excepto José María, que lo era de Jauja, en Córdoba.
(5) López de Haro, Alonso, Nobiliario genealógico de los Reyes y Títulos de España, Madrid, 1622, Libro 5, Capítulo 15. Descendencia de los Vera. Citado en: Memorial al Rey de la Casa de Savedra, por don Fernando de Saavedra Rivadeneyra y Aguiar Pardo de Figueroa, Año 1674, Pág. 331v.
(6) El número de éstas se establecía según la rentabilidad de cada Encomienda. El término lanza indicaba la obligación de mantener a 4 ó 5 hombres armados.

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