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La Columna

Lugar en que fue levantada, por los conquistadores de 1588, una Cruz de madera de la región, como símbolo de la acción colonizadora y mito protector del emplazamiento elegido para la ciudad a fundarse. Este sitio queda como a 250 varas de aquél en que se construyó el Fuerte inicial, en Punta Arazatí, sobre el cauce del Paraná(1).

(1) Material extraído del libro "La Ciudad de Corrientes", de Hernán Félix Gómez, editado en 1944.

Según los viejos cronistas coloniales, informaciones antiquísimas y una tradición verbal continuada, cuando el capitán Alonso de Vera y Aragón concluyó el Fuerte para amparo de la guarnición de 28 españoles encargada de la defensa de las embarcaciones y el equipaje, penetró en la zona para explorar sus recursos y conocer su topografía, internándose hacia las puntas del actual Riachuelo.

foto 4 de la fundacin de corrientes
Detalle de una pintura que representa el asedio de los naturales al Fuerte, o pucará, defendido por los españoles(2).

Aprovechando su ausencia, seis mil indígenas, de cuatro tribus guerreras, que jamás acataran al español, sitiaron al Fuerte inicial, que se defendió con valor indomable.

Esta resistencia, inexplicable para los indígenas, los convenció de que un poder no natural amparaba a los españoles, y como el capitán Alonso de Vera había dejado erigida la Cruz simbólica de la toma de posesión, en las cercanías del Fuerte, supusieron era aquel madero el talismán protector.

Buscaron destruir el leño encendiendo una enorme hoguera, que no dio resultado, y cuando insistían en sus afanes, un rayo, según unos, o un disparo de arcabuz o cañón, según otros, concluyó con la vida de quien los dirigía. El terror llenó los espíritus y la masa indígena acató al conquistador.

Para los propios españoles, casi inermes por la falta de subsistencias, el hecho fue milagroso. Y lo fue con evidencia, aun no tratándose de un rayo, por cuanto las armas de fuego de la época no tenían un alcance certero a esa distancia.

El culto de aquella Cruz fue conquistando los espíritus, y cuando fue general, convirtió a aquel leño en una motivación del existir. Cuando retornó de su exploración al interior el capitán Alonso de Vera y Aragón, y hubo llegado con su séquito el Adelantado, se procedió al ceremonial solemne de fundar la ciudad, y se construyó sobre la Cruz del Milagro una ermita.

Ahí permaneció, a pesar del traslado de la ciudad al Nordeste, hasta 1730, en que fue trasladada al templo que, con autorización del Cabildo, levantó el vecindario en la manzana donde, desde entonces, se erigieron los que sirvieron a su culto.

La Cruz del Milagro, incombustible, es el motivo central del escudo de la Provincia y del de la ciudad capital.

A pesar de su traslado, en 1730, al nuevo templo, siguió siendo el lugar de su erección, en 1588, y de la ermita inicial, objeto de peregrinación de sus devotos.

foto 6 bis de la fundacin de corrientes
La Columna de la Cruz inaugurada en el primer Gobierno de Pedro Ferré, sobre la Avenida 3 de Abril(3).

El gobernador de la Provincia, Pedro Ferré, bajo cuya Administración se signó el escudo provincial, dispuso, en 1828, la erección de una columna “en memoria y perpetuidad de los portentosos sucesos con que protegió a los fundadores”.

Se inauguró este primer monumento provincial el 4 de Mayo de ese año de 1828, en acto solemne, labrándose la actuación del caso ante el escribano público y de Gobierno, José Ignacio Rolón.

El acta y las palabras pronunciadas por el gobernante han sido incluidas en el Registro Oficial de la Provincia de ese año.

En las primeras ediciones de ese Registro Oficial se describía el monumento con esta redacción:

“Su arquitectura es regular y de un orden compuesto; la altura, de nueve varas, desde la base hasta la cúspide, que remata en un globo.
“Tiene dos planchas grabadas y embutidas en la misma columna. La primera, que mira al Oriente, tiene por trofeo una Cruz, en campo de fuego, rodeada de nubes y orleada con el siguiente mote: ‘dextera domini vitutem sal. 117 vers. 16’.
“Al pie de la Cruz se halla la inscripción siguiente:
“‘El pueblo correntino erige este monumento en testimonio de su GRATITUD al soberano, AUTOR de los portentos, por lo que su omnipotencia se dignó obrar a favor de sus padres en el memorable día 3 de Abril de 1588’”.

La segunda plancha, que mira al Occidente, tiene por trofeos parte del cuerpo de un monstruo, armas y otras insignias militares, con la siguiente inscripción:

“‘El mismo PUEBLO CORRENTINO, en homenaje de su augusto respeto a la memoria de sus veintiocho ilustres progenitores, en el día 3 de Abril de 1588’.    “La Columna está circunvalada de una balaustrada, y fabricada en el centro mismo de la primera capilla, que los descubridores erigieron a la SANTISIMA CRUZ, sita en el monte de Arazatí.
“Desde la iglesia actual de la Cruz, hasta la columna, se ha abierto un camino de veinte varas de ancho, siguiendo rumbo recto hasta el río Paraná, que tendrá mil setecientas varas de largo; quedando la columna en medio de una plaza de cien varas de diámetro”.

El aspecto actual de la columna es el mismo. A fines del siglo XIX fue abierta en dos por un rayo. Su restauración fue encomendada al ingeniero Juan Coll, inaugurándose la nueva columna el 3 de Mayo de 1888. En la parte superior, sobre el globo de la descripción de 1828, fue colocada una Cruz, de tamaño proporcional al conjunto.

Al pavimentarse con cemento armado la Avenida 3 de Abril, en cuyo arranque queda este monumento, correspondiendo a su eje central, la Columna fue respetada.

Se observa en ella una placa de hierro ovalada, de 50 x 40 centímetros, más o menos, con un dibujo representando el cuello y cabeza de un caballo, con armadura, junto con la cabeza de un hombre con el yelmo puesto, llevando al hombro un fusil con bayoneta, una espada, una lanza y un facón y, arriba, un escudo. Esto parece significar, ante las líneas que rodean el conjunto, como imitando olas, que ambos cruzaran a nado un río.

Contiene la siguiente inscripción:

“El mismo pueblo correntino en homenaje de su augusto respeto, a la memoria de sus veintiocho progenitores, en el día 3 de Abril de 1828”.

Más abajo, una placa de bronce, cuadrada, de 70 x 70 centímetros, más o menos, con la leyenda en relieve y caracteres gruesos:

“El Gobierno y pueblo / de Corrientes / en el Primer Centenario / de la
erección / de esta columna. / Corrientes, Mayo 4 de 1928”.

Ambas placas corresponden a la parte Oeste del pedestal.

Del lado del Este tiene una placa de hierro con una figura representando una gran Cruz refulgente, rodeada por trozos de madera a leña ardiendo, con grandes llamaradas de fuego y humo, con la inscripción, arriba, en forma de arco y en latín:

“Dextera Domini Facit virtutem. Salm. 117. vers. 16”.

Abajo, en sentido horizontal:

“El pueblo correntino erige este monumento, en testimonio de su / gratitud, al Soberano autor de los portentos, por los qe / su diestra omnipotente, se dignó obrar a favor de sus padres /en el memorable día 3 de Abril del año de / 1588”.

Es de forma ovalada de 50 X 40 centímetros. El basamento de la columna es de forma octogonal, y no conserva la verja originaria de hierro que protegía el conjunto.

Hasta 1850, el lugar o plaza que rodeaba la Columna, era conocido con esta denominación. En la nomenclatura de 1851, se dio a la plaza el nombre de “Los 28 Héroes”, que conservó hasta la Ordenanza del 15 de Septiembre de 1920, que le atribuye el de Juan de Torres de Vera y Aragón.

La antigua “Calle Ancha” que unía la Plaza de la Columna con la iglesia levantada en 1730, a que alude la descripción escrita en el Registro Oficial de 1830, fue rectificada posteriormente (1851 y 1864), dándosele la dirección de las otras calles paralelas; dejó de ser una vía directa entre la columna y el templo, convirtiéndose en la calle límite de la zona edificada desde 1851, con la denominación de calle de la Columna.

En la Ordenanza del 16 de Abril de 1902, que dio nombre a las arterias públicas al Sur de dicha calle Ancha, ya se la llama Avenida 3 de Abril.

Nota

(2) Extraído del libro “La ciudad de Corrientes (1895)”, de Manuel Florencio Mantilla, edición del Instituto de Investigaciones Históricas y Culturales de Corrientes, 2008, Editorial Amerindia.

(3) Extraído del libro “La ciudad de Corrientes (1895)”, de Manuel Florencio Mantilla, edición del Instituto de Investigaciones Históricas y Culturales de Corrientes, 2008, Editorial Amerindia.


VER:

La Columna conmemorativa

De la columna

Información adicional