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Ocho de Diciembre

Es el nombre atribuido a la calle sobre la cual se encuentra edificado el templo parroquial. El 8 de Diciembre conmemora la cristiandad la fiesta de la Inmaculada Concepción, Patrona del pueblo, cuya Imagen custodiada en el templo local es objeto en este día de grandes celebraciones.

Conmemórase con esta celebración el privilegio con que Dios honró a María para preservarla de todo pecado original. Desde los más antiguos concilios se observa el celo para con la concepción inmaculada de la Santísima Virgen. En 431, el Concilio General de Efeso llama a la Santísima Virgen: Inmaculada.

Juan de Monzón, Doctor en Teología, quiso demostrar -a fines del siglo XIV- que la Santísima Virgen fue concebida en pecado, valiéndole su opinión -considerada como falsa y escandalosa- su excomunión decretada por el Papa.

Hacía 700 años que la Iglesia griega celebraba su fiesta, cuando se comenzó a celebrar en Occidente a principios del siglo XII.

El Papa Alejandro VII, en su decreto sobre la Inmaculada Concepción del 8 de Diciembre de 1661, consignó que la Madre de Dios estaba preservada del pecado original e hizo que su fiesta se celebrase con magnificencia.

Una de las fiestas más notables que registra la historia de la Inmaculada Concepción fue la del 8 de Diciembre de 1854, en que su Imagen fue coronada en Roma con una espléndida diadema, previamente bendecida por el Papa Pío IX, ante la asistencia de numerosos prelados y millares de fieles.

La Inmaculada Concepción, conocida también como la Purísima Concepción, es un dogma de la Iglesia Católica decretado en 1854 que sostiene que la Virgen María estuvo libre del pecado original desde el primer momento de su concepción por los méritos de su hijo Jesucristo.

No debe confundirse este dogma con la doctrina del nacimiento virginal de Jesús, que sostiene que Jesús fue concebido sin intervención de varón mientras que María permaneció virgen antes, durante y después del parto.

Al desarrollar la doctrina de la Inmaculada Concepción, la Iglesia Católica contempla la posición especial de María por ser Madre de Cristo, y sostiene que Dios preservó a María -desde el momento de su concepción- de toda mancha o efecto del pecado original, que había de transmitirse a todos los hombres por ser descendientes de Adán y Eva, en atención a que iba a ser la madre de Jesús, quien también es Dios.

La doctrina reafirma con la expresión “llena de gracia” (Gratia Plena) contenida en el saludo del arcángel Gabriel (Lc. 1, 28), y recogida en la oración del Ave María, este aspecto de ser libre de pecado por la gracia de Dios(1).

(1) Citado por el doctor Hernán Félix Gómez. “El Municipio de Paso de la Patria” (1942). Ed. Corrientes, Corrientes. Impreso en los Talleres Gráficos “San Pablo”, Buenos Aires.

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