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Los pueblos guaraní-misioneros después de la expulsión de los jesuitas. Su decadencia

El proceso de decadencia de los pueblos según los censos (1770 - 1800). El caso del Departamento de Yapeyú

La decadencia, como se puede percibir claramente en las estadísticas fundadas en minuciosos datos censales, ocurrió como un hecho general, pero no alcanzó la misma intensidad en todos los pueblos y sus Departamentos. Y esto cobra valor en la fracción del conjunto de los pueblos que nos ocupa en este trabajo(1).

(1) Citado por Ernesto J. A. Maeder y Alfredo J. E. Poenitz en, “Corrientes Jesuítica (Historia de las Misiones de Yapeyú, La Cruz, Santo Tomé y San Carlos en la Etapa Jesuítica y en el período posterior, hasta su disolución)” (2006), Corrientes.

El Departamento de Yapeyú, conformado por tres de los pueblos que actualmente son parte de Corrientes: Santo Tomé, La Cruz y la misma Yapeyú, como se verá a  continuación, no sufrió la declinación de su población en igual medida que el resto de los distritos misioneros, por lo menos hasta la época revolucionaria.

En el período jesuítico, la población guaraní fue muy sensible a factores perturbadores de su crecimiento. La máxima población contabilizada en las misiones jesuíticas fue de 141.182 habitantes. En 1741, esa población descendió bruscamente a poco menos de 77.000 almas, recuperándose vigorosamente el número de población hacia 1755, con 105.000 habitantes.

Como lamentable consecuencia de la Guerra Guaranítica, la población decreció a poco más de 85.000 naturales en 1765, estando en franca recuperación al momento de la expulsión, cuando la población total ascendía a 88.796 habitantes.

Hacia 1772, es decir un lustro después de la expulsión, cuando las voces de la decadencia se comenzaban a hacer sentir en los estrados virreinales, el coronel Marcos de Larrazábal ordenó un censo para determinar la cantidad de tributarios entre 18 y 50 años existentes en los pueblos que debían pagar sus impuestos al rey.

La población total, de acuerdo a ese censo, ascendía a 80.881 habitantes, lo que mostraba un importante decrecimiento respecto a la existente al momento de la expulsión.

De cualquier modo, esa declinación tuvo sus lógicas razones. Yapeyú, por ejemplo, perdió más de 5.000 habitantes entre 1770 y 1772. como consecuencia de una gravísima epidemia de viruela. Yapeyú tenía entonces unos 8.000 habitantes y era la comunidad más poblada de la Provincia de Misiones(2).

(2) Para el proceso de decadencia de los pueblos es fundamental la consulta prolija de los trabajos de Ernesto Maeder y Alfredo Bolsi, “La población guaraní de la provincia de Misiones en la época postjesuítica. 1768 - 1809”, en “Folia Histórica del Nordeste” (1982), Resistencia.  // Citado por Ernesto J. A. Maeder y Alfredo J. E. Poenitz en, “Corrientes Jesuítica (Historia de las Misiones de Yapeyú, La Cruz, Santo Tomé y San Carlos en la Etapa Jesuítica y en el período posterior, hasta su disolución)” (2006), Corrientes.

Entre 1772 y 1806, los pueblos misioneros habían perdido el 40 de su fuerza laboral, de acuerdo a una serie de empadronamientos realizados por Larrazábal, en 1772; el teniente de gobernador Martínez de Lovato, en 1781; y el gobernador Bernardo de Velazco y Huidobro, entre los años 1806 - 1807.

La Provincia Guaranítica de las Misiones estaba dividida, entonces, en cinco Departamentos: Santiago, que comprendía los pueblos hoy ubicados en el Paraguay de San Cosme, Santiago, Santa Rosa, Santa María de Fe y San Ignacio Guazú. Este Departamento sufrió una declinación del 37,80 % de su población activa, entre 18 y 50 años.

El Departamento Concepción, integrado por el pueblo de ese nombre, Santa María la Mayor, San Javier, Mártires, San José, San Carlos y Apóstoles, declinó su población activa en un 35,50 %.

El Departamento Candelaria, que agregaba a su cabecera, los pueblos de Santa Ana, Loreto, San Ignacio Miní, Corpus, Trinidad e Itapuá, tuvo un descenso de su población masculina activa del 33 %, y el Departamento de Yapeyú, que comprendía los actuales pueblos correntinos de La Cruz, Yapeyú y Santo Tomé, además de su vecina San Borja, mantuvo más o menos estable su población.

Su población total cuantificaba 11.172 habitantes en 1772 y 10.904 en 1803, lo que implica que las razones que motivaban la deserción de los pueblos en los otros Departamentos misioneros, por diferentes causas, no afectaban a los pueblos del Departamento de Yapeyú.

El cuadro siguiente que se adjunta, detalla las cifras correspondientes a todos los censos formalizados en las misiones de guaraníes, desde la expulsión de los jesuitas hasta 1807.

Año Santiago Candelaria Concepción Yapeyú San Miguel Promedio
General
1768 13.282 27.768 14.173 15.972 17.633 88.828
1772 11.508 28.205 14.137 11.172 15.859 80.881
1783 35.001 14.011 9.157 13.236 14.677 56.092
1792 5.450 11.098 - - - -
 1793 7.115   10.944 7.987  12.678  13.267  51.991 
 1797 -  -  6.789 11.293  10.404  50.280(*) 
1798 - 11.458(*) 6.621 11.207 10.327 47.730(*)
1799 - 9.921(*) 6.619 11.229 9.760 45.720(*)
1801 5.308 11.085 6.545 12.434 10.267 45.639
1802 5.369 10.548 6.068 13.309(*) - 41.700(*)
1803 5.854 10.189 5.404 10.904(*) - 38.430(*)
1807 - 10.904 - - - -

Evolución del total de población por Departamento.
(*) Indica valores estimativos.
(De: Misiones del Paraguay: Conflicto y disolución de la sociedad guaraní).

Pero no sólo las cuantificaciones censales de población nos permiten apreciar la grave crisis demográfica y productiva del conjunto misionero, por un lado, y la estabilidad del Departamento de Yapeyú en ese contexto caótico, por otro.

Cifras económicas, como los balances de la Administración General de los pueblos guaraníes, permiten apreciar la diferente realidad que se vivía en los pueblos misioneros de la actual provincia de Corrientes, respecto al resto del conjunto.

El balance de 1779, para seis pueblos meridionales de las misiones, arrojó el siguiente resultado en cuanto a los beneficios logrados en su respectiva balanza comercial:

Yapeyú $ 4.889
Santo Angelo (sin ventas ese año)
San Luis $ 147
San Borja $ 3.881
La Cruz $ 1.620
Santo Tomé $ 1.460

Poenitz y Poenitz, Misiones. Provincia guaranítica (1993), p. 31.

Si tomamos en cuenta que cada pueblo debía recaudar más o menos $ 2.000 para el pago de los tributos al rey y para contribuir a los Gastos Generales de las reducciones, las buenas rentas de los pueblos ganaderos, como los del Departamento de Yapeyú, permitían alcanzar sobradamente, como Yapeyú y San Borja, o aproximarse, como La Cruz y Santo Tomé, a los montos esperados por las autoridades virreinales.

Pueblos del Departamento de Santiago, por ejemplo, como San Cosme o Santa Rosa, no llegaban a los $ 100 de renta por su comercio local. O peor aún, años antes, en 1775, el designado Administrador General, Juan de Lazcano, informaba que muchos pueblos, entre 1770 y ese año, no habían logrado enviar remesas de producciones propias y por consiguiente no podían pagar sus tributos al rey.

Nombraba a los pueblos de Trinidad, que no aportó frutos en 1772, 1773 y 1774. Tampoco lo hicieron, en el año de 1774, los pueblos de San Ignacio Miní, Loreto, Santa Ana e Itapuá, todos ellos del Departamento de Candelaria.

De Concepción, no habían remitido Mártires, en 1772, como así tampoco San Carlos, San Javier y Santa María, en 1774. Semejante situación se informaba para los otros Departamentos, excepto el de Yapeyú, que era el único que poseía un saldo favorable en la mayoría de los casos.

Queda claro, en las cifras que preceden, que los pueblos meridionales, entre ellos los que hoy forman parte de la provincia de Corrientes, no sufrieron en lo inmediato los graves problemas que afectaban al resto del conjunto misionero. El régimen instaurado por Bucareli, de monetizar los excedentes de la producción en Buenos Aires, utilizando la vía de Yapeyú como puerto y el curso del río Uruguay como vía de transporte, indudablemente agilizó y activó la vida económica de los pueblos del sur misionero.

El pueblo de La Cruz, que hacia 1790 mantenía cinco estancias en suelo correntino, de las cuales cuatro estaban al oeste del río Miriñay, criaba casi 70.000 semovientes, que habían duplicado las 32.000 existentes al momento de la expulsión. Pero una década después, el momento más grave de la declinación de las misiones, sus existencias habían descendido a apenas 16.000.

Tres de las estancias al occidente del Miriñay son descriptas por el gobernador Francisco Bruno de Zavala, en 1789, quien las nombra como Tupantuva, Itacurusu y la Asunción, “poblada hoy día por correntinos, que se han ido introduciendo...”.

Santo Tomé poseía entonces un número importante de estancias a ambas márgenes del Uruguay, las que llegaron a contar, en 1790, con más de 50.000 animales, que decrecieron a poco más de 16.000, en 1799.

En el cuadro siguiente se exponen los datos de las existencias ganaderas en el Departamento de Yapeyú, entre 1768 y 1801:

Pueblos 1768 1778 1783 1790/92  1799 1801 
Yapeyú 48.119 24.500 70.000 76.000 16.542 7.692
La Cruz 32.000 28.393 62.500 69.464 16.501 10.855
S. Tomé 15.718 9.580 27.000 50.815 16.741 [10.000]
S. Borja 10.626 18.748 70.000 14.000 12.700
Totales 106.463 81.221 229.500 63.784 41.247

Existencias de ganado vacuno de rodeo en el Departamento Yapeyú.
De: Maeder, “Historia económica de Corrientes en el período virreinal. 1776 - 1810”, (1981)

De cualquier modo, el fracaso evidente del sistema comercial impuesto por Bucareli llevó a que hacia finales del siglo XIX, gran parte del comercio, especialmente el yerbatero, se privatizara, quedando en manos de españoles la extracción y comercialización de ese producto, en detrimento de la Administración Central, que nada percibía en materia de tributos.

Las remesas de yerba de los pueblos en las últimas décadas del siglo fueron en crecimiento, siendo los pueblos más prolíficos los de Yapeyú y Santo Tomé, que recibían ese producto a cambio de las reses que exportaban a los otros pueblos.

En síntesis, la decadencia de las misiones se manifestó muy pronto en la expulsión de los jesuitas por el éxodo y disminución de su población activa. Ello resintió gravemente la capacidad productiva de los pueblos.

Por otra parte, las comunidades se fueron encaminando a un sistema de monoproducción, explotando lo que les daba mejor rendimiento, para canjearlo por productos que no poseían. Pero en ese proceso se gestó una paulatina explotación de los naturales, que terminaron abandonando las tareas comunales, empleando su tiempo en beneficio de los blancos que se habían introducido en los pueblos y que, finalmente, terminaron acaparando en gran medida la producción económica de las comunidades.

El pueblo de San Carlos ofrece uno de los mejores ejemplos para comprender este proceso de pauperización de la actividad económica. Ubicado estratégicamente en un punto intermedio entre los pueblos meridionales, proveedores en su mayoría de productos cárneos, y los septentrionales, ricos en frutos subtropicales, como mandioca, yerba, etc., tuvo la función de nexo entre ambas regiones productivas.

Aún hoy se observan restos arqueológicos de grandes estancias, con enormes corrales, donde se estacionaba el ganado traído de los pueblos del Sur, con el objeto de remitirlos hacia los pueblos selváticos, lo que evidencia una importante actividad, sobre todo en los primeros tiempos de la conversión a centros productivos de los pueblos misioneros.

Sin embargo, ya en tempranas épocas, hacia 1775, fuertes denuncias inculpaban al Administrador y miembros del Cabildo, que hacen trabajar sus chacras y no las de la comunidad. De los caciques se mencionaba, “su haraganería, mal ejemplo y descuido de su gente, y de sus viviendas...”. La integración guaraní en la sociedad colonial, mediante una Administración secular, había fracasado ya en sus inicios.

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