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Los pueblos del Departamento de Yapeyú bajo el régimen artiguista

La agonía final

La revolución de Mayo sucedió mientras era gobernador de los alicaídos pueblos misioneros el coronel Tomás de Rocamora. A un mes de los acontecimientos de Buenos Aires, en Junio de 1810, éste, cumpliendo órdenes de la naciente Junta revolucionaria, solicitó a los subdelegados de Concepción, Pablo Thompson; de Candelaria, Francisco Martínez de Lobato; y de Yapeyú, José de Lariz, que se reunieran en las sedes de cada Departamento para prestar juramento de adhesión al nuevo Gobierno(1).

(1) Citado por Ernesto J. A. Maeder y Alfredo J. E. Poenitz en, “Corrientes Jesuítica (Historia de las Misiones de Yapeyú, La Cruz, Santo Tomé y San Carlos en la Etapa Jesuítica y en el período posterior, hasta su disolución)” (2006), Corrientes.

El 9 de Julio se concentraron en el pueblo de Yapeyú los representantes de los pueblos de Santo Tomé, La Cruz y Yapeyú, donde se procedió a la lectura de los Oficios de la Junta, a la que prestaron obediencia a partir de entonces. Sin embargo, el l de Agosto, el cura de La Cruz, fray Lorenzo Gómez, y el mismo subdelegado José de Lariz, fueron apresados y remitidos a Buenos Aires, por actos conspirativos contra el nuevo Gobierno.

El Paraguay, mientras tanto, como se ha indicado más arriba, decidió, en los primeros días de Agosto, guardar fidelidad al Consejo de Regencia español, lo que motivó la movilización de medio millar de soldados que invadieron las misiones, concentrándose en San José, desde donde controlaron, durante un tiempo, a todos los pueblos septentrionales de la actual provincia de Misiones. Es decir que, casi sincrónicamente, al grito revolucionario de Mayo, el territorio de las antiguas misiones jesuíticas quedó fraccionado en tres países.

Sólo los pueblos que hoy forman parte de la provincia de Corrientes, quedaron bajo la Administración del gobernador Rocamora. El 16 de Septiembre, el Gobierno porteño creó la Provincia de Misiones, escindida del Paraguay. Para contribuir al ejército de Manuel Belgrano en la expedición al Paraguay, Rocamora fundó dos Cuerpos de milicias con más de mil hombres, de los cuales, unos 300 aportó el pueblo de Santo Tomé.

Nunca llegaron a actuar junto al ejército belgraniano en las luchas contra los paraguayos, por dificultades en la comunicación entre los jefes de ambos ejércitos. Las tropas misioneras no alcanzaron a cruzar el río Paraná, atribuyéndose este hecho a la falta de experiencia del general Belgrano. El mismo general José María Paz, décadas después, diría que fue un error del vocal de la Junta no concentrar las fuerzas guaraníes de Rocamora con las propias.

De cualquier modo, el regentismo paraguayo, a pesar de los triunfos de Tacuarí y Paraguarí sobre el ejército porteño, tuvo una efímera duración. A los dos meses de estos sucesos, los criollos asunceños obligaron a la convocatoria de un Congreso, que, en Junio de 1811, depuso a Velazco y acercó los lazos con Buenos Aires.

Poco más de un año después, Belgrano nuevamente se dirigió a Asunción, pero esta vez como jurista y no como militar, firmando una alianza el 12 de Octubre de 1812 con el nuevo Gobierno paraguayo. Las concesiones de Belgrano fueron muchas, como así las promesas incumplidas del Gobierno posterior de Gaspar Rodríguez de Francia, principal gestor de aquel Tratado. Por el mismo, el Departamento de Candelaria quedó en poder del Paraguay a partir de entonces.

En la Banda Oriental, una serie de acontecimientos ocurridos durante los años 1811 y 1812 acercaron las historias misionera y oriental, que se entrelazaron durante toda la década y que tuvieron a José Artigas como protagonista principal del destino de ambos pueblos.

La Banda Oriental había sido la región más afectada por la ocupación portuguesa y por la presencia en Montevideo de un fuerte foco regentista. Ello motivó la admirable epopeya del Exodo Oriental hacia el Salto Chico, en defensa de la causa que espontáneamente abrazara. Pero los lusitanos no sólo invadieron parte del territorio oriental, sino también la Provincia Guaranítica de Misiones(2).

(2) Las invasiones luso-brasileñas al Departamento de Yapeyú entre 1811-1813, también han sido objeto de estudio de Edgar Poenitz en, “La invasión luso-brasileña de 1811 a la Mesopotamia” (1976), Concepción del Uruguay. También Juan Luis Savoini dedica especial atención a la presencia portuguesa en tierras misioneras en la época previa a Artigas, en “Paso de los Libres” (2000), volumen 3. // Citado por Ernesto J. A. Maeder y Alfredo J. E. Poenitz en, “Corrientes Jesuítica (Historia de las Misiones de Yapeyú, La Cruz, Santo Tomé y San Carlos en la Etapa Jesuítica y en el período posterior, hasta su disolución)” (2006), Corrientes.

Durante la estadía del ejército de Belgrano, había sido nombrado gobernador de las Misiones Orientales, Francisco das Chagas Santos. Este, en contacto con el gobernador del Paraguay, Bernardo de Velazco, informaba los sucesos de la mesopotamia a la Corte portuguesa en Río de Janeiro.

Desde allí se propuso una intervención militar a la Banda Oriental y al territorio misionero, como una especie de cuña entre Montevideo y el Paraguay, los focos de oposición al movimiento revolucionario rioplatense.

En Enero de 1811 regresaba Francisco Javier de Elío a Montevideo como virrey del Río de la Plata. La respuesta del pueblo oriental fue “el Grito de Asencio”, una sublevación de la campaña oriental, apoyada por el ejército belgraniano, que después de la batalla de Las Piedras, sitió Montevideo con la intención de desalojar a Elío. Fue el pretexto que necesitaba Portugal para invadir la Mesopotamia Argentina y las campañas orientales.

En Julio de 1811, el general Diego de Souza, Capitán General de Río Grande do Sul, inició, desde Cerro Largo, en la Banda Oriental, la invasión al territorio español. En Montevideo firmó un armisticio el 20 de Octubre, por el cual se reconoció a Elío como autoridad absoluta sobre la Banda Oriental y las villas entrerrianas (Gualeguay, Concepción del Uruguay y Gualeguaychú, comprometiéndose Buenos Aires a desalojar esos territorios).

Ello dio inicio al Exodo Oriental hacia la Mesopotamia centro-oriental. Exactamente donde ocurrían, paralelamente, y como apoyo al “Ejército Pacificador de De Souza”, “razzias” amedrentadoras de las milicias luso-brasileñas.

Todo el nordeste de Entre Ríos y las estancias cercanas a Yapeyú fueron atacadas por estas milicias. Mandisoví fue ocupada en Agosto por el capitán Joaquim Felix de Fonseca, que fue obligado a retirarse, a través de la acción de 400 hombres, formada por soldados entrerrianos, correntinos y misioneros, en Noviembre.

A pesar de la oposición del comandante Casco, de Curuzú Cuatiá, encargado de la frontera correntina, esta plaza fue tomada también en Agosto por otro grupo de milicianos luso-brasileños, la que fue recuperada el 18 de Septiembre por un ejército compuesto por 700 correntinos. La Cruz, única ciudad amurallada de las misiones, fue atacada el 13 de Octubre de 1811, siendo rechazadas las fuerzas invasoras.

Fue un golpe estratégico sumamente importante el preparado por el Imperio portugués. Las milicias de la región no estaban preparadas para enfrentar estas escurridizas operaciones militares. Esas fuerzas pertenecían a las milicias de las Misiones Orientales y del río Pardo. Prácticamente, todos eran guaraní-parlantes, lo que les permitía conocer y penetrar en la idiosincrasia de los naturales y de la población mestiza de la región. Eran “gauchos”, habilísimos jinetes, excelentes ganaderos y, en general, de hábitos muy semejantes a los habitantes de las zonas rurales del Oriente rioplatense.

Tenían sobre éstos y sus milicias una notable superioridad en armamentos. El objetivo era el de bloquear las comunicaciones de Buenos Aires con Corrientes, las misiones y el Paraguay y desorganizar el centro de asentamiento de las familias del Exodo Oriental. Más que acciones militares, fueron depredaciones, con el fin de quitar los recursos alimenticios disponibles para albergar a cientos de familias que, durante nueve meses, se asentarían en el Salto Chico.

El Protector José Artigas y su Gobierno de las misiones

... Será el primer cuidado de V. S. luego que se posesione de aquel destino, organizar la fuerza militar, disciplinaria y ponerla en buen estado...

(Triunvirato a Artigas, 14 de Noviembre de 1811).

Nombrado, José Gervasio Artigas, Teniente de Gobernador de Yapeyú, con sede en Santo Tomé, su autoridad fue ejercida en todo el territorio misionero existente, como bien lo indica Jorge Machón, porque también el Departamento de Concepción, a solicitud del Triunvirato, le rindió lealtad y obediencia al jefe oriental.

Santo Tomé, a pesar de ser declarada nueva capital misionera, nunca fue visitada por Artigas. Este fijó su residencia en Salto Chico, por la mejor ubicación estratégica entre los Estados oriental y misionero. La parte más septentrional que llegó a visitar Artigas, durante su corto ejercicio como gobernador misionero, fue la Capilla de San Gregorio, actual Mocoretá. Recién recorrerá los pueblos misioneros después de su derrota final en 1820(3).

(3) El período artiguista en las misiones ha sido estudiado inicialmente por Salvador Cabral, “Andresito Artigas en la emancipación americana” (1980), Buenos Aires; y Hernán Félix Gómez, “El general Artigas y los hombres de Corrientes” (1929), Corrientes. En los últimos años ha sido prolijamente revisado este período por los historiadores Jorge Francisco Machón, de la provincia de Misiones, y Juan Luis Savoini, de la provincia de Corrientes. Ambos han explorado minuciosamente la documentación archivística existente, aclarando muchos aspectos de este intrincado ciclo político de las las misiones. Ver entre otros trabajos de Machón, “José Artigas, gobernador de Misiones” (1998), Posadas; “Misiones después de Andresito” (1994), Jardín América; “La última carta de Andresito” (1995), Gobernador Virasoro; y “La batalla de Apóstoles y otros trabajos” (1996), Jardín América. Savoini, en dos densos volúmenes, con abundante información documental, analiza el período artiguista, especialmente en el sur del territorio. Ver las obras “Paso de los Libres”, volúmenes 3 y 4. El primero, referido casi totalmente a la figura de Andrés Guacurarí; el segundo, al período posterior a su derrota. Ambos, Machón y Savoini, abundan en detalles sobre la vida de caudillos prácticamente desconocidos hasta entonces, como Pantaleón Sotelo, Francisco Javier Sití o Vicente Matiauda; o Mariano Aulestia y Agustín Cumandiyú, protagonistas de este período.
Obras de necesaria consulta para este período son las de Washington Reyes Abadie, “Artigas y el federalismo en el Río de la Plata” (1974), Montevideo; o Benjamín Vargas Peña, “Paraguay-Argentina. Correspondencia diplomática (1810 - 1840)” (1945), Buenos Aires; o Roberto Etchepareborda, “Política luso-rioplatense. 1810 - 1812” (1961), Buenos Aires. // Todo citado por Ernesto J. A. Maeder y Alfredo J. E. Poenitz en, “Corrientes Jesuítica (Historia de las Misiones de Yapeyú, La Cruz, Santo Tomé y San Carlos en la Etapa Jesuítica y en el período posterior, hasta su disolución)” (2006), Corrientes.

Las invasiones portuguesas al territorio misionero, en 1811, lograron éxito militar y un numeroso botín de guerra, repitiendo la estrategia empleada durante la conquista de las Misiones Orientales. Pero éste no fue tan completo, porque faltó la victoria psicológica que le valió la temerosa adhesión de la población guaraní de entonces.

En la Mesopotamia, en cambio, la operación lusitana fomentó un vigoroso sentimiento antiportugués en todos los niveles sociales y en todas las poblaciones, blancas o de naturales, que justificará la orientación política permanente que adoptarán tales pueblos en lo sucesivo.

El éxito militar de José Artigas sobre los portugueses de Maneco Pedroso, en Itapebí, en tierras orientales, el 13 de Abril de 1812, se divulgó alegremente como un merecido desquite sobre los asaltantes del año anterior, y también significó una operante y valiente respuesta a la persistente agresión portuguesa, completamente distinta de la débil y vacilante política de las últimas autoridades españolas, que no supieron defender ni reconquistar el territorio misionero, despojado en 180l.

El Exodo no fue un simple traslado y refugio transitorio del pueblo oriental en la otra banda del río Uruguay. Su trascendencia no se limitó sólo al logro de cohesión y unidad de dicho pueblo y al afianzamiento del liderazgo de Artigas. Fue eso y mucho más. Fue una guerra defensiva contra la agresión portuguesa y el comienzo de una geopolítica permanente destinada a impedir tanto el avance del Brasil sobre el Plata como la recuperación de los territorios rioplatenses perdidos recientemente por España.

En el complejo escenario de las misiones en este período, debe destacarse el rechazo al ataque lusitano por parte de la población de Santo Tomé, entre el 4 y 6 de Mayo de 1812.

Artigas había solicitado meses antes, en Febrero, el avance del general oriental Fernando de Otorgués, con una importante partida para situarse en dicha localidad, que, por su cercanía a la residencia del general Chagas Santos, en São Borja, se veía amenazada por aquél. Y esas previsiones se concretaron el 4 de Mayo, cuando el general luso-brasileño atacó con 400 hombres esa plaza.

En el reducto formado por la iglesia, el colegio y el cuartel, los santotomeños obligaron a retroceder a la otra banda del Uruguay a los atacantes. Dos días después, se repitió la intentona, siendo nuevamente repelidos por las fuerzas guaraníes de aquel pueblo. No se pudo evitar, sin embargo, el saqueo de la campaña con gran robo de ganado, acción constante de Chagas durante todo el período de guerras contra los misioneros occidentales.

Con el Tratado Rademaker-Herrera, firmado el 26 de Mayo de 1812, se estipuló el alejamiento del ejército portugués, que ocupaba la Banda Oriental y amenazaba las tierras occidentales del Uruguay. Se pudo imponer así el segundo sitio de Montevideo.

Entretanto, se había instalado en el Salto Chico, Manuel de Sarratea, presidente del Primer Triunvirato, quien promovería una política de intrigas y desavenencias para quitar el liderazgo que Artigas ejercía sobre su sufrido pueblo. Esas intrigas crearon serios enfrentamientos entre ambos jefes y produjeron la división del pueblo y los ejércitos protagonistas del epopéyico Exodo Oriental.

De esa manera, el regreso de los orientales a sus hogares y de las milicias y fuerzas regulares a los muros de Montevideo, se produjo en medio de disensiones y desentendimientos que culminaron en franca discordia.

Así, en Septiembre de 1812, la columna de familias y milicias orientales regresó a su tierra. En Enero de 1813 culmina el enfrentamiento entre Artigas y Sarratea, cuando éste último lanza un Bando declarando “traidor a la patria” al jefe oriental.

Previamente, Artigas quiere asegurar el nudo de comunicaciones que es Salto Chico y provoca la sublevación de su población. Quien lideró la misma fue el natural yapeyuano Domingo Manduré, el mismo que consiguió el apoyo de las fuerzas correntinas acantonadas en Concepción del Uruguay. Pablo Areguatí, un letrado misionero mandisoveño, futuro Comandante Militar de las Malvinas, leal al Gobierno porteño, fue el encargado de la defensa de Mandisoví.

Recuperada esta plaza, constituida en importante centro político en esos difíciles años, se sumaron inmediatamente a la causa artiguista Yapeyú y La Cruz. Más tarde, también adhiere al artiguismo el pueblo de Santo Tomé.

Hasta bien entrado el año 1814 los enfrentamientos entre Artigas y el Gobierno porteño tienen a las misiones como principal escenario bélico. En Marzo de ese año Pérez Planes, porteñista sucesor de Artigas en el Gobierno de las misiones, es apresado en La Cruz por las fuerzas del paraguayo Vicente Antonio Matiauda, pasado a las filas del artiguismo y fusilado en la localidad, hoy oriental, de Belén.

Con ello, las misiones pasaron a formar parte de la Liga de los Pueblos Libres, liderada por José Artigas, quien colocó a Blas Basualdo a cargo del Gobierno misionero.

La anarquía existente llevó a la designación, por parte de Artigas, de Andrés Guacurarí, como Comandante General de Misiones, en los inicios de 1815. La relación entre ambos, muy probablemente, había nacido en los años 1796 ó 1797 cuando don José lo adoptó como hijo en las luchas del Artigas estanciero contra los portugueses en el norte de la Banda Oriental.

Según Machón, el título de Comandante General de Misiones en reemplazo de la antigua figura de Teniente de Gobernador, responde al momento de un pueblo levantado en armas en una frontera tensa, donde el remanente misionero se debatía en varios frentes: el Paraguay, el Brasil y Buenos Aires. Andrés Guacurarí sería el destinado a lidiar con ellos en estos últimos momentos de la historia guaranítica de las misiones.

En Marzo de 1815, Andresito se instalaba en Santo Tomé con la aquiescencia de todo el pueblo guaraní. Un mes después, recuperaba los pueblos del Departamento de Concepción, invadidos a fines de 1814 por las tropas paraguayas y, luego, tras vencer a éstos en Agosto, recupera los pueblos de la banda oriental del Paraná, manteniendo a este río como frontera con el Paraguay.

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